Arteterapia [Parte 1]. El camino hacia la arteterapia

By abril 1, 2014MEDIACIONES
La arteterapia es un proceso interdisciplinar que involucra expresiones artísticas y creativas, y la psicología: Todo ser humano puede proyectar símbolos, metáforas, imágenes, sonidos o movimientos que, guiados por medio de la terapia, permiten desarrollar, recuperar y conocer el propio ser.
La arteterapia tiene un propósito ambicioso pero posible: Facilitar cambios positivos en las personas y su comunidad.

 

Es innegable la responsabilidad académica, profesional y ética que involucra la arteterapia, por lo que presentamos la primera de dos partes de la entrevista realizada a Cecilia Pasquel (CP), quien comparte  sus experiencias de aprendizaje y visión de las posibilidades de la arteterapia.

Cecilia PasquelCeci estudió la licenciatura en Historia del Arte, ha llevado a cabo distintos cursos y talleres en artes plásticas, literatura, teoría del arte, gestión de proyectos, hasta cursar actualmente la Maestría en Gestalt y ser consejera en adicciones y arteterapeuta. Ceci es una viajera apasionada y le gusta jugar a ser una turista que descubre cosas nuevas cada día; así, en esta primera parte de la entrevista, nos cuenta un poco sobre sus encuentros y recorrido hacia la arteterapia.

“Un arteterapeuta no se forma en la escuela o en los libros solamente, se forma en el proceso, en la experiencia, en el arte…”

 

NC. Además de la carrera de historia del arte, has estudiado muchos cursos vinculados con creación y expresión, llegando a formarte como terapeuta y consejera en adicciones ¿cómo fue este recorrido? ¿qué fue guiando tus decisiones para construir el lugar en el que estás ahora?

CP. Uf, es cierto ha sido un camino largo y complejo, sólo de mirar en retrospectiva me cuesta trabajo creer todo lo que he hecho… Empecé desde chavita, el arte y la literatura siempre me llamaron la atención; antes de estudiar historia del arte pasé por varios talleres, incluso por algunos estudios más especializados en artes plásticas, después vino la historia del arte, que me marcó y me dio las bases para hacer lo que hoy hago, trabajé en museo y galería un tiempo, montando exposiciones, revisando colecciones, etc. Hasta que llegó un punto en el que me sentía completamente perdida en un mundo de intercambios comerciales, en el que el arte se reducía a un objeto de lujo, y todo mi gusto por el arte y el medio del arte comenzó a desvanecerse, incluso recuerdo haber tenido un momento de pleito frontal con el arte y el medio.

Un día platicando con un amigo sobre mis intereses le decía que la historia del arte estaba dentro de las humanidades, y en el calor del debate me dijo “¡la humanista eres tú!”, recuerdo perfecto sus palabras, porque entonces me di cuenta que en esencia lo que me gustaba mirar en el arte más allá del objeto era ese potencial humano capaz de crear formas y modificar así su propia historia. Esa idea aunada a un montón de experiencias personales de pronto un tanto catastróficas, me llevaron a mirar a la persona. Lo primero que hice fue iniciar estudios como consejera, especializándome en el tema de adicciones, el arte había quedado de lado, como un gusto reservado sólo para mis tardes de domingo. Al poco tiempo, empecé a trabajar en una clínica de rehabilitación de adicciones como consejera, los pacientes tenían varias necesidades y pronto surgió la idea de un taller de arte. Comencé con clases de dibujo, nada elaborado, realizando ejercicios que apoyaran la expresión de sentimientos, promoviendo la atención, la observación, y fue cuando empecé a ver resultados magníficos, no puedo decirlo de otra forma, era como magia lo que sucedía con las personas que asistían al taller.

Inmediatamente inicié mi formación como terapeuta de arte, lo que me abrió un panorama completamente nuevo en relación con el arte, pude volver a mirar al arte en todo su esplendor, ya no como un objeto de intercambio, sino como formas cambiantes que van emergiendo del ser humano, no sólo como una proyección de su interior, sino como una extensión de nosotros mismos. En fin, una cosa llevo a la otra y pronto ya estaba dando terapias grupales de arte terapia en clínicas para el tratamiento de adicciones, lo que me llevó a querer seguir estudiando y así fue como di con la Psicoterapia Gestalt, no sé si fue coincidencia o destino, pero ha sido por medio de la Gestalt que he ido aterrizando y dando forma a toda mi experiencia. La Terapia Gestalt le da una plataforma y una potencia al trabajo terapéutico con arte extraordinario. Ambos, arte y Terapia Gestalt comparten el mismo lenguaje “la forma”, en conjunción crean una sinergia curativa única.

NC. Estudiar arte no se limita únicamente a la investigación y/o a la producción de objetos, sino existen una infinidad de labores que se pueden llevar a cabo, desde la docencia, la museología y, en tu caso, la terapia. ¿Cómo te ayudaron tus estudios en historia del arte? ¿Qué herramientas o habilidades han aportado en tu labor actual?

CP. Me ayudan mucho, de hecho a veces creo que me da una visión privilegiada en el trabajo. Ser historiadora del arte me permite entender que la persona no solo es un ser individual, sino que esta rodeada por un contexto, por un entorno que lo impacta y que a su vez impacta. Esto va muy de la mano con la visión de “campo” del enfoque terapéutico gestalt, pues justamente la mirada no se pone solo en la persona sino en la relación de la persona con su entorno. En lo que emerge, en esa relación y todo lo que promueve o bloquea esa relación, de alguna forma esto siempre me remite a pensar en la relación estética, en la obra de arte, pues no estamos viendo una obra en si, o aun artista “per se” al estilo vassari, sino que como historiadores del arte siempre estamos mirando “el campo” y la relación y los comos de esa relación.

Una de las habilidades fundamentales como terapeuta, y sobre todo como terapeuta de arte es saber ver y poder establecer relaciones con “el contexto”, al formarme como historiadora del arte, teórica de arte, lo primero que se necesita es aprender a ver, nunca he conocido a un historiador de arte, museólogo, curador… que no sepa ver, que no sepa mirar en relación. Cuando estoy frente a un paciente, estoy percibiendo sus sensaciones, lo miro como es, como se relaciona con el entorno, como se relaciona conmigo (¿Como amantes del arte no le han dado alguna vez varios recorridos a una expo desde diferentes ángulos? Pues básicamente es lo mismo), después observo sus necesidades, si lo que necesita es construir u ordenar, o transformar y a partir de esto de una observación integral, relacional y fenomenológica puedo dar la instrucción para el ejercicio adecuado como terapeuta de arte u “experimento gestalt”… y una vez que la persona comienza a ejecutar el trabajo, observo sus cómos, sus para qués, su elección de materiales, colores, formas, etc. y como cualquier obra de arte… Notre Dame de París, El Guernica de Picasso, responde directamente a la necesidad del cliente u paciente, y a su relación con el entorno. Así que bueno, hoy mi pregunta va casi al revés, como hace un terapeuta de arte, o un gestaltista cuando no ha tenido experiencias previas con el arte…

NC. ¿A qué te dedicas actualmente? ¿Qué proyectos estás desarrollando?

CP. Tengo un consultorio en Coyoacán en donde trabajo con pacientes de manera individual, doy pláticas y talleres de fin de semana enfocados al desarrollo humano, a veces uso arte como un medio. Pero a lo que dedico más tiempo es a la terapia grupal en clínicas para el tratamiento de adicciones a través del arte. Actualmente realizo una investigación al respecto, explorando justamente las posibilidades de la sinergia entre terapia gestalt y arte. A la larga pienso que me gustaría seguir explorando esta sinergía en diferentes aspectos del ser humano, quizás por medio de un espacio artístico-terapéutico que se dedique justamente a promover el desarrollo humano, y buscar la manera de introducir estas ideas al espacio museístico.

NC. ¿Cuál crees que es el mejor itinerario educativo y de formación académica que debe seguir una persona que quiere dedicarse a la arteterapia? 

CP. Bueno, pues cada país tiene certificaciones diferentes para poder practicar arte terapia o psicoterapia. En Estados Unidos por ejemplo hay muy buenas escuelas, con una formación muy completa y de varios años, en España y algunos países Latinoamericanos como Chile tienen muy buenos programas a nivel Master, en México hay especialidades, y estoy segura que aun falta explorar más el impacto positivo de la arteterapia en las personas para que haya un incremento en la demanda de formación de terapeutas de arte en México. En lo personal, yo no lo hubiera hecho de otra forma. Primero, Artes Plásticas, después historia del arte, posteriormente terapia de arte y ahora Psicoterapia Gestalt, el camino no ha sido fácil, sin embargo creo que no hubiera podido saltarme ningún paso, pues una cosa justamente me ha llevado a la otra, para terminar por ahora integrando todo. Esto no es una receta de cocina y así me funciona a mí. No sé como pueda ser la mirada de una persona que nunca tuvo una formación como historiador del arte, o algo relacionada con las artes cuando se encuentra frente a una actividad de arte terapia, lo que sí he visto, es que muchas veces cuando no se tiene esta experiencia, y formación el arte acaba por volverse simplemente un ejercicio de proyección o una manualidad, lo que estoy segura disminuye el alcanza e impacto terapéutico que hubiera podido tener.

NC. ¿El especialista en arteterapia debe tener ciertas cualidades personales?  ¿Qué tipo de conocimientos complementarios son necesarios en este terreno profesional?

CP. Estoy convencida de que un arteterapeuta es un especie de artista, que como tal esta nutrido de un montón de cosas, estudios, libros, experiencia de vida, viajes, desarrollo personal, pero creo que algo fundamental es la experiencia previa con el arte y una visión humanista muy relacionada con el propio crecimiento.

NC. ¿Qué consejo, recomendación o “precaución” le sugerirías a las personas que quieren dedicarse a la arteterapia?

CP. La formación nunca termina, es completamente humanista, es necesario ponerse ahí, estar presente, correr el riesgo de ser impactado por el otro. Ver mucho arte, hacer arte, viajar, abrirse a conocer gente, leer, etc. Un arteterapeuta no se forma en la escuela o en los libros solamente, se forma en el proceso, en la experiencia, en el arte…

Agradecemos a Ceci por su disposición para compartirnos su camino hacia la arteterapia. Para mayor información sobre la labor que lleva a cabo, visita su página en Facebook o contáctala por correo electrónico.

En la segunda parte de la entrevista conversamos con ella sobre las aportaciones del arte y la psicología a la disciplina de la arteterapia.

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