Paradigmas educativos para reflexionar desde la propia práctica ¿Cuál es tú modelo para innovar en el museo?

Un aspecto que hay que considerar como punto de reflexión desde la práctica en el museo, tanto a nivel institucional como en el área educativa, y que marca nuestras acciones en el día a día vinculado con nuestros visitantes, son los paradigmas bajo los que nos regimos. Estos modelos están presentes en nuestra vida personal y profesional, plantean modelos ideológicos y prácticas cotidianas en las que basamos nuestra forma de plantearnos la vida, las relaciones personales y sociales; son los parámetros desde los cuales iniciamos procesos de investigación y conocimiento en todas las áreas de desarrollo humano: ciencia, artes, sociedad, economía, educación, museología y creatividad, entre otros.

En el caso de los museos y la educación, estos paradigmas han venido marcados desde la psicología educativa (rama de la psicología que estudia los procesos de aprendizaje y enseñanza), la pedagogía (estudia la educación y su comprensión para mejorar los procesos multireferenciales) y la museología (se encarga del estudio del museo, su historia, funcionamiento y procesos de trabajo). Estos modelos establecen marcos de análisis, pautas de desarrollo y herramientas para resolver retos y problemáticas, que inciden en la formación de los equipos de trabajo y la inserción de metodologías para innovar en una práctica creativa, participativa, reflexiva y accesible a la diversidad de públicos que acuden a nuestros museos.

A lo largo del siglo XX se empezaron a gestar distintas exploraciones de pensamiento y análisis del mundo que se había estructurado, dándose un “Relativismo Cultural” que planteaba la imposibilidad de ver el mundo de manera objetiva (absoluta). Se desarrollaron modelos como el Paradigma de la Complejidad[1], el cual plantea que un área de conocimiento puede ser vista como un tejido complejo de elementos que intervienen en ella, con posibilidades multidimensionales, diversas y heterogéneas; es decir, es necesario buscar y descubrir sus interrelaciones. En las últimas décadas del siglo XX, se inició la reflexión sobre la Museología Crítica[2] y la Nueva Museologia[3], y a partir de esta última, en México se crearon los museos comunitarios, en donde las personas se convierten en agentes activos de la conformación de colecciones, guiones expositivos y del propio montaje de su patrimonio comunitario. Otra tipología que se fortaleció en la década de 1970 en México con estos planteamientos (aunque ya desde el siglo XIX se estaban formando) fueron los museos pedagógicos o escolares, concebidos como apoyos didácticos para una mejor comprensión del programa oficial educativo.

¿Por qué innovar desde la generación de vínculos con grupos objetivo o comunidades vulnerables? ¿Sigue siendo fundamental el carácter social del museo? ¿Cómo generar una práctica realmente inclusiva y no diferenciada en el museo?

 

En el ámbito museológico, desde las últimas décadas del siglo XX, se da especial importancia a la opinión y experiencia de los visitantes, atendiendo a su punto de vista o enfoque. En estos museos se propuso la observación y atención a procesos intrínsecos como la evocación o la asociación personal; por lo que   se planteaban las salas de exhibición como espacios hipermediáticos en los que las personas podían relacionarse con el objeto patrimonial, no sólo desde los conceptos, sino involucrando los cinco sentidos y sus emociones. Éste fue el inicio de una revolución educativa en el museo que aún sigue en lucha.

Como educadores o mediadores del museo es necesario analizar y revisar cuáles son los modelos o paradigmas que orientan nuestra práctica educativa:

¿Cómo podemos innovar en nuestra práctica educativa desde estas propuestas teóricas? y ¿Qué diferencia existe entre los museos interactivos de ciencia y los museos de arte? ¿En qué medida los diferentes paradigmas educativos y museológicos se confrontan en la práctica con aquéllos más tradicionales? ¿Es nuestro museo distante e inamovible? ¿Cómo dinamizamos nuestra labor?

 

Los paradigmas educativos basados en el Constructivismo[4] y Construccionismo[5] plantean el diálogo entre la Teoría y la Praxis (práctica), la participación activa del alumno (visitante), el carácter social del aprendizaje, la metacognición a través de la integración de teorías cognitivas[6] y el desarrollo de aprendizajes significativos en las personas. La Pedagogía Critica[7] plantea “consideraciones en torno al cambio conceptual de la enseñanza y la transmisión de los contenidos a aprender, a una nueva visión de la experiencia de aprendizaje mucho más problematizadora, considerando la realidad como diversa, compleja e incluso conflictiva, no como algo estático acabado y real”[8].

¿Nuestras exposiciones y actividades potencian la participación, la experiencia sensorial, la reflexión y el diálogo? ¿Cómo establecemos vínculos concretos en la práctica diaria del museo?

 

Cierto es que dichos paradigmas aportan un proceso distinto del que aprendimos en nuestras carreras formativas, basadas en un paradigma tradicional: transmisión del conocimiento unilateral, actitud pasiva del alumno, estructura jerárquica, reproducción de contenidos y basada en la información segmentada en bloques de conocimiento.

¿Cómo aprendemos en el museo a diferencia de cómo aprendemos en la escuela? ¿Qué modelo educativo seguimos en la práctica educativa museística? ¿Qué puedo modificar de mi práctica con respecto a estos nuevos modelos?

 

A lo largo de estos últimos 30 años, dichos paradigmas han transformado las relaciones entre el museo, sus colecciones, los mediadores del patrimonio y los visitantes, en un vínculo más horizontal que se modifica, adapta y corrige, en un proceso de construcción del propio conocimiento de los educadores y de sus metodologías de trabajo. Las formas de gestión y producción de proyectos curatoriales, museográficos y educativos ponen en evidencia los paradigmas que están detrás de ellos, permitiéndonos reconocerlos, contrastarlos con otros, cuestionar su viabilidad y condiciones, e identificarlos como cercanos o lejanos a nuestras formas de aprender, conocer y construir el mundo.

Estudiar, investigar, implementar, evaluar, experimentar, experimentar y experimentar.

¿Cómo generar desde nuestra práctica modelos adecuados a nuestro contexto social y geográfico? ¿De qué manera es posible la reflexión y el diálogo teórico a partir de la práctica? ¿Cómo se enriquecen y cómo podemos participar de dicho proceso? ¿Cómo salir de zonas de confort o modelos tradicionales y vivir el museo desde nuevos paradigmas críticos, constructivistas, creativos e innovadores?

 

Referencias

Coll, Cesar, Elena Martín, et.al. El constructivismo en el aula, Barcelona: Graó, 1993.

Hernández Hernández. Francisca. El museo como espacio de comunicación. Madrid: Trea. Madrid, 1998.

Maclaren, Peter. La vida en las escuelas. México: Siglo XXI, 1994.

Mondragón G., José Luis. Constructivismo, implicaciones en EducaciónPedagogía en el museo. Memoria Primera Reunión ICOM- CECA. Tlaxcala, 2000.

Torres, Patricia. “¿Se puede aprender a Interpretar el patrimonio?”, Proyecto Educativo para el Museo de la Cultura del Vino, España: Universidad de Zaragoza, 2008.

 

[1] Destaca lo heterogéneo de las experiencias, la multiplicidad de vínculos y su complejidad y la posibilidad de buscar interrelaciones entre diversos elementos.

[2] Surgida en los Países Bajos, pondera las lecturas desde múltiples fuentes, el conocimiento y el trabajo interdisciplinario e indagador, más que el relacional disciplinar, así como que la experiencia pedagógica está basada en el otro, el visitante, tomando en consideración su entrono cognoscitivo.

[3] Postulada por  Georges Henri Riviére, surge en Paris en los años 70, en contraposición a la museología mas tradicional, en la que solo las personas “expertas” parecían tener lugar y promueve una postura más abierta en la que el visitante participa, es activo y el carácter del museo en Social.

[4] Surgido s mediados del siglo XX, plantea que el individuo es el constructor de su propio conocimiento, pone el rol del educando como una persona activa y participativa.

[5] A la cabeza de Saymour Papert, discípulo de Piaget.

[6] Hacen referencia a cómo aprendemos. Hay varios teóricos en este Paradigma Vogotsky, Ausbel, Bruner y Piaget entre otros.

[7] Surgida en los años 70

[8] Torres, Patricia. “¿Se puede aprender a Interpretar el patrimonio?”, Proyecto Educativo para el Museo de la Cultura del Vino, España: Universidad de Zaragoza, 2008, p. 13.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

Un Comentario

  • Claudia dice:

    Estoy de acuerdo con tu posición, y sobretodo en la línea donde condensas y propones: “Estudiar, investigar, implementar, evaluar, experimentar, experimentar y experimentar”
    Algún tendremos que sentarnos frente a un computador o con una taza de thé a platicar sobre el tema. Saludos.

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