Sombrero Amarillo, las alternativas. Opciones para el trabajo en los museos del siglo XXI

Es importantísimo entrar en un museo con ojos de niño. Muchas veces entramos abrumados por el peso de la cultura, quizá, pensando que no tenemos suficiente preparación para entender un cuadro si antes no hemos estudiado el siglo en el que se pintó o no conocemos la biografía del artista o personaje representado, y esa circunstancia cultural termina haciendo que no disfrutemos de la obra. En realidad, aquellos artistas lo que buscaban era impactar emocionalmente en quien contemplara su obra. Por lo tanto, si nos adentramos en un museo con ojos de niño, de querer sorprenderse, estaremos haciéndole el buen servicio al artista porque nos caeremos dentro de su pintura, que es justo lo que ellos pretendían.
Javier Sierra[1]

Las posibilidades que tenemos como profesionales del museo –desde el ámbito de educativo y comunicativo– de encontrar alternativas, hacer propuestas, dar respuestas a los retos del museo contemporáneo, su estructura organizacional, las acciones de diálogo con los diversos públicos, se puede dar a partir de una visión más amplia y propositiva.

Edward de Bono, en su libro Seis Sombreros para pensar[2], describe un sistema (no científico) en el que presenta herramientas para ejercer la empatía en el trabajo en equipo. Éste también se ha convertido en un recurso utilizado en ejercicios creativos colaborativos y de estrategia. Los “Seis Sombreros” implican seis perspectivas para abordar los problemas; uno de ellos, el “Sombrero Amarillo” plantea reflexionar sobre las posibilidades y valores de lo que se hace (¿Qué más es posible? ¿Qué es valioso? Yo propongo que…?). A través de este Sombrero, se pueden crear argumentos justificados a favor para que algo mejore, como la relación de los visitantes con su arquitectura, sus colecciones, su contenido, con las actividades que se plantean y con otros públicos. Implica utilizar un tipo de pensamiento constructivo, tomar en cuenta los beneficios y posibilidades de la situación del museo. El pensamiento positivo es una mezcla de curiosidad y deseo de hacer que “las cosas ocurran”, es decir, especular sobre las posibilidades de modificación de la realidad existente, hacer conjeturas y tener esperanza en que las cosas pueden cambiar, es decir, pensar en el mejor escenario posible.

Pongámonos el “Sombrero Amarillo” ¿Qué aspectos podemos integrar al trabajo en el museo desde un modo de posibilidad?

 

    • Los museos tienen la oportunidad de capitalizar la experiencia directa que tienen los visitantes con el patrimonio que resguardan en sus espacios, éste como resultado de la creación humana y reflejo de la cultura que nos permite crear lazos de significado y cambiar la visión del “museo antiguo, polvoriento que tiene cosas viejas”. Romper los esquemas tradicionales y verse desde una postura más abierta y desacralizada del patrimonio, que ve al museo como un recurso didáctico que detona el intercambio, la participación y el compromiso con el patrimonio desde diversos ángulos y perspectivas.
    • El museo es un espacio en el que se preservan las colecciones, se resguarda la memoria, se transmiten ideas, posturas, imágenes, que nos permiten entrar a un espacio-tiempo diferente, pero lo que vemos como visitantes es solamente una parte, una selección y una lectura. Divulgar los acervos resguardados en bodegas (la historia oculta), integrar la mirada de distintos especialistas, representar la diversidad de nuestros visitantes a partir del contenido expositivo, no solamente permite conocer el museo “tras bambalinas”, sino desarrollar procesos de reconocimiento críticos.
    • Desde la vocación social del museo, es necesario detonar puntos de encuentro y apropiación social, de reflexión y diálogo, para que en la experiencia de visita los visitantes tengan voz de valor para la institución y su programación: Ir más allá del público que lee y escucha hacia el visitante que opina y construye.
    • Las áreas educativas de los museos cuentan con equipos de profesionales con diferentes formaciones (comunicación, pedagogía, artes visuales y escénicas, etc.). Desde la estructura organizacional y las metodologías de trabajo, habría que capitalizar la diversidad de visiones, elementos y bases conceptuales. La multidisciplina enraizada a nuestras formas de trabajo permite orientarnos a las necesidades, expectativas, formas y procesos de cada tipo de público, de manera plural e incluyente. Este trabajo, no solamente se habría de realizar al interior de nuestro museo, sino hacia las otras instituciones, hacia nuestros vecinos, hacia nuestros colegas y pares.
    • Cada vez más museos –algunos de forma inicial o como prueba piloto, y algunos de manera más firme– se proponen construir alternativas de trabajo, al poner a los visitantes en el centro del escenario para provocar experiencias significativas que atraigan a las nuevas generaciones y preserven a las mayores. Para ello no sólo basta una clasificación cronológica que los tipifique por rangos de edad o estudiar su comportamiento dentro del museo, conocer sus procesos cognitivos, sus necesidades de diversión, recreativas o intelectuales para llenar páginas de informes que quedan guardados en el cajón de la dirección del museo; sino analizar y estudiar dicha información para ejercer evaluaciones que potencien los objetivos y valores del museo.
    • Si, desde el museo, apuntamos a una sociedad plural y diversa implica desde nuestro rol llevemos a cabo acciones sistemáticas y contundentes basadas en la accesibilidad e inclusión en el panorama general de lo que se ofrece en la institución. Establecer vínculos con otras organizaciones, asociaciones civiles, gubernamentales y privadas para la capacitación y sensibilización.
    • Construir nuevas rutas de comunicación a partir del uso de nuevas tecnologías aplicadas a la investigación, la museografía, la educación, la divulgación del museo; como la realidad aumentada en visitas, las apps para juegos, recorridos o actividades en casa, las redes sociales, videos, audios y proyectos independientes para que las nuevas generaciones de niños y jóvenes encuentren opciones de intercambio y participación.
¿Qué más es posible? ¿A qué otras miradas les damos valor? ¿Cómo podemos integrar otras perspectivas al museo?

 

Referencias

Corvey, Stephen. Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, Buenos Aires: Paidós Plural, 2003.

Rico M., Luisa Fernanda (coord.). Nuevas aportaciones a la museología mexicana, México: UNAM, 2014.

 

[1] Periodista, novelista e investigador español.
[2] De Bono, Edward. Seis Sombreros para pensar, Barcelona: Granica, 1988.

 

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

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