Conocer, construir y compartir en el museo a partir del cuerpo, el espacio y el tiempo

“Hay que recargar de sentido, símbolo y ritual la experiencia en el museo.”
María de los Ángeles “Chiqui” González

 

En días pasados –del 24 al 26 de noviembre de 2016– se llevó a cabo el III Congreso Internacional Los Museos en la Educación, organizado por el Museo Thyssen-Bornemisza, bajo el epígrafe Repensar los museos. Esta acción implica reflexionar, cuestionar, preguntar y establecer consciente y deliberadamente un diálogo entre la diversidad de públicos, educadores y otros profesionales del museo sobre nuestros referentes y modelos museológicos, educativos, comunicativos, socioculturales y de democracia cultural que sustentan el museo.

¿De qué manera conocemos, construimos y compartimos el museo y nuestra experiencia en él? Tanto como profesionales como visitantes, juntos, ¿damos sentido al museo? ¿qué herramientas o medios necesitamos para  hacerlo?

Al repensar el museo surgen nuevos caminos, aquí propongo tres vínculos que posibilitan planteamientos interdisciplinarios en la construcción de significados con respecto al museo:

EL CUERPO

A través del cuerpo  llegamos al museo, lo percibimos, nos emocionamos, aprehendemos los objetos (pensamiento, memoria, imaginación, generación de ideas, habilidades cognitivas y experiencias) y nos  expresarnos en diferentes formas: movimiento, sonidos y palabras. ¿A partir de qué referentes corporales experimentamos el museo? ¿Lo vivimos a partir de los mitos, paradigmas e ideas de otros? ¿Reproducimos comportamientos, actitudes y disposiciones ajenas? ¿Realmente nos vinculamos a nuestro  entorno?

El museo tradicional ha generado vínculos no-corporales con sus visitantes, centrados en los contenidos sobre los objetos, en una forma unidireccional del aprendizaje, reproductor de esquemas que están desvinculados del cuerpo y sus sensaciones.

El cambio de paradigma, se centra en conocer y valorar el cuerpocomo principio  de conocimiento personal y social: reconocer la diversidad de visitantes y, por tanto, los múltiples procesos de percepción, emoción y aprendizaje. La experiencia corporal en el museo ha de verse como un campo de posibilidad para  reconocerse a través de  lo que se ve, oye, huele, saborea y toca, para enriquecer la propia experiencia a través del intercambio con otros; dotarlos de herramientas para desarrollar habilidades  sensoriales que en comunión con prácticas artísticas y lúdicas que generen procesos críticos personales y propios con el patrimonio.  y no sólo desde lo que otros dicen sobre él.

Breves ejercicios para comprender el museo a través del cuerpo

  • Observa y aprende los distintos espacios del museo desde diferentes perspectivas: recuéstate en el suelo, siéntate, párate. ¿Cómo cambian tus observaciones y sensaciones?
  • Observa los objetos también desde diferentes perspectivas, muévete para un lado, para el otro, agáchate, párate. ¿Qué descubrimientos has realizado desde esas diferentes posiciones?
  • ¿Cómo te sentirías en una sala llena de gente? y ¿en una solo? ¿Cómo cambia tu experiencia en el museo si vas acompañado?
  • ¿Cómo experimenta el museo alguien que no ve, no escucha, no puede caminar?
  • Juega con la comunicación no verbal y utiliza el lenguaje corporal ¿Cómo podemos expresar con el cuerpo lo que experimentamos en el museo?

 

EL ESPACIO

Físicamente los museos tienen un espacio definido a partir de su arquitectura, se encuentren en un edificio ex profeso o adaptado con entradas, escaleras, salones y sótanos. Es fundamental que los museos sean espacios incluyentes,  que existan  las condiciones necesarias para su entrada y circulación: rampas, elevadores, barandales, señalamientos, etcétera.

Los visitantes se mueven en un espacio expositivo[1] definido a partir de ambientaciones, sonidos, videos, colores y diseños. Al recorrerlo, se modifica el espacio conceptual planteado a partir de referentes y experiencias propias y compartidas.

Damos sentido al espacio, lo configuramos y significamos no solamente a partir del ejercicio físico, sino desde otros ángulos (filosóficos, sociales, culturales, urbanos, antropológicos). Desde el museo, es posible ampliar el espectro de la experiencia espacial integrando otras disciplinas como las artes escénicas: Experimentar con el cuerpo, romper la “cuarta pared”, incluir las acciones y voces de los visitantes.

El museo puede crear nuevos espacios conceptuales de inclusión social y democracia cultural, lo que implica que sus visitantes actúen, lean, descifren, interpreten de manera desenvuelta y libre. Ya no es sorpresa que los museos salgan de sus límites para colaborar con otras instituciones y colectivos para entablar prácticas fuera del marco tradicional y hacia una función social relevante y real.

 

EL TIEMPO

Visto como algo que no se puede ver, ni tocar, sino como un proceso. Existe el tiempo que puede contarse y medirse a partir del reloj: que implica la planeación de exposiciones, tiempos de visita, duración de talleres, etcétera; también el que se construye al planear la visita (futuro), al trasladarse al museo y realizar el recorrido por su interior (aquí y ahora), a las distintas y variadas narrativas que se referencian en las exposiciones, y a otras tantas que genera el visitante a partir de la memoria, el recuerdo o la nostalgia que es presente y pasada al mismo tiempo.

Es necesario sobrepasar los planteamientos curatoriales tradicionales y las  estructuras cronológicas lineales, cuyo eje fundamental se basa en mostrar hechos históricos de un grupo, la vida de un artista o fenómenos científicos a un visitante pasivo y receptivo.

“¿Por qué hacer exposiciones temáticas, si la literatura, cine, teatro lo hacen a partir de la tensión dramática?”[2]. Ampliar las herramientas para que los visitantes “vuelvan significativa la experiencia presente para relacionarla con alguna otra experiencia en el pasado o en el futuro”[3], es pasar a planteamientos curatoriales narrativos, de evocación de la memoria y del recuerdo (personal, heredado y colectivo), que generen experiencias significativas a lo largo de la visita y más allá.

Otras alternativas pueden abordar la curaduría didáctica, considerando que el comisariado de exposiciones puede integrar estas relaciones temporales, en donde el visitante puede aportar a esa construcción temporal, intentando romper la unidireccionalidad de los contenidos y planteando una experiencia estética, educativa y lúdica de su experiencia en el museo.

En palabras de “Chiqui” González, “trabajar con los otros y no para los otros, como la esencia de lo educativo en el museo”.
Construyamos nuevos significados desde, en, sobre, por, para y con el museo.

 

 

REFERENCIAS

Acaso María y Silvia Nuere. El Curriculum Oculto visual: aprender a obedecer a través de la imagen. Universidad Complutense de Madrid/Ces Felipe II de Aranjuez. Madrid 2005.

Giráldez, Andrea, et.al. La aportación del CENART a la Educación Básica, una experiencia interdisciplinaria de formación docente. México: Centro Nacional de las Artes, 2014.

 

[1] Como algo subjetivo, como artificio, como atmósfera creada (no natural), como lugar habitado y habitable, apropiado para la subjetividad.
[2] María de los Ángeles González, Ministra de Innovación y Cultura del Gobierno de Santa Fe, Argentina, reflexionó sobre este tema en su conferencia “Futuros Poéticos”, en el III III Congreso Internacional Los Museos en la Educación. Aquí su conferencia entre otras: https://youtu.be/l4uKs6TQmdI.
[3] Giráldez, Andrea, et.al. La aportación del CENART a la Educación Básica, una experiencia interdisciplinaria de formación docente. México: Centro Nacional de las Artes, 2014.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

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