Museos comprometidos con sociedades cambiantes, activas y participativas

Los museos y sus equipos de trabajo necesitan reflexionar sobre la efectividad de su función social, reconocer qué vínculo establecen con sus visitantes reales, y sobre todo, el que quieren generar con aquellos públicos potenciales, además de  promover el encuentro con entornos culturales diversos. Es importante que el museo conozca a los grupos que conforman a la sociedad: sus características, intereses, necesidades y deseos, para establecer puntos de contacto y diálogos efectivos que produzcan nuevas alternativas de trabajo museístico, y permitan establecer una comunicación con ellos para dar valor a las diversas voces, y responder a ellas.

A lo largo del siglo XX y XXI, el museo –frente a los cambios sociales como las guerras, las crisis de derechos y las económicas, entre otros factores– también se ha transformado en sus estructuras conceptuales, confrontando fundamentos museológicos, educativos, sociales y pragmáticos. Por lo tanto, el museo, basándose en que “quien da vida al patrimonio es la sociedad”, debe centrar su labor en ésta y no en acciones estrictamente coleccionistas o divulgativas. Asimismo, necesita establecer líneas de acción efectivas que creen espacios propicios que aumenten la participación social activa dentro y fuera de los centros culturales. En noviembre de 2016, Cristina da Milano en el III Congreso de Educación: Repensar los Museos, del Museo Thyssen Bornemisza, mencionó tres pautas básicas para ejercer esta tarea:

  • Artículo 27 de la Declaración de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”.[1]
  • Para el ICOM, el museo es una institución sin fines de lucro al servicio de la sociedad.[2]
  • Convención de Faro (2005, Consejo de Europa ) “El valor del Patrimonio Cultural debe ser utilizado como un recurso para el desarrollo sostenible y para preservar y mantener la calidad de vida de las personas” [3]

Además de los puntos propuestos por Cristina da Milano, habría que considerar los paradigmas pedagógicos, museológicos y comunicativos ponderan la labor social del museo:

  • Paradigma Constructivista: teoría sociocultural ideada por Lev Vigotsky (psicólogo ruso de principios de siglo XX) que establece que el aprendiz (visitante) construye “el conocimiento, las ideas, las actitudes y los valores a través de las interacciones sociales [en donde] la cultura y el lenguaje son los factores más importantes para el desarrollo de la cognición humana”[4]. Así, los diversos visitantes son el centro y el eje de la acción del museo, en donde el diálogo con otros, les permite interactuar y expresar lo que piensan, plantearse preguntas y construir juntos nuevos aprendizajes.
  • La Nueva Museología (surgida en los años 70 del siglo XX) postula la vocación social y el carácter multidisciplinario en los llamados ecomuseos en Europa y museos comunitarios en América Latina, partiendo de la premisa de que los grupos sociales de una comunidad pueden participar activamente en el rescate y puesta en valor de su cultura material e inmaterial a través de exposiciones generadas por ellos mismos.
  • La Pedagogía de la Liberación, encabezada por Paulo Freire, se fundamenta en que las personas necesitan desarrollar procesos de cuestionamiento y reflexión sobre su propio conocimiento, su entorno social, sus procesos de construcción y transformación de éste. La Museología Crítica se basa en los criterios científicos de Theodor W. Adorno y de Max Horkheimer y tiene como fin que “el visitante sea confrontado con los dilemas de la sociedad contemporánea a través de los ojos de la historia y la memoria crítica con una perspectiva ética”[5].
  • Por otro lado, la llamada tercera Revolución del Conocimiento (la primera, en el siglo XVIII con la Revolución Industrial; la segunda a principios del siglo XX con la aparición de la electricidad) tanto digital como informática, dota a las personas de acceso ilimitado a diversas fuentes de información; en donde la escuela ya no tiene la exclusividad del conocimiento oficial que se transmite de forma unidireccional y presencial; lo que contribuye a que las personas compartan información, reflexionen y construyan a partir de otros y con otros, acelerando las formas de comunicación con el museo y propiciando su transformación como institución, poniendo énfasis en la responsabilidad que tiene sobre el conocimiento que transmite, su actualización y posicionamiento con respecto a la sociedad pasada, presente y futura; abriendo nuevas opciones de formación museológica, museográfica, educativa y de gestión del patrimonio vinculado a los públicos.
¿En qué medida las exposiciones generan deliberadamente procesos de diálogo y reflexión en los visitantes, si presentan una única postura conceptual?
¿Los diferentes grupos sociales, géneros y personas son representados en el museo?
 ¿Qué estrategias utiliza el museo para darles voz a los diversos públicos?

 

Estas posturas teóricas se centran en en para quién hacemos las cosas: los diversos públicos, reales y potenciales; para verlos no solo como una mera estadística cuantitativa o como un programa diferenciado, sino como una realidad, en la que el museo es gestor de procesos y cambios sociales.

Todavía en muchos museos falta hacer más esfuerzos conjuntos tanto en su interior como en los equipos de trabajo, con el objetivo de proyectar acciones concretas dentro y hacia la sociedad en su conjunto.  Para ello sería conveniente considerar que hay que enfrentar varios retos y un largo trecho por caminar:

  1. Por consiguiente, el museo debe reflexionar y examinar sus objetivos y visión, su praxis, sus bases teóricas y sus resultados para transformar sus acciones, y experiencias de los visitantes.
  2. Integrar equipos interdisciplinarios en el diseño de exposiciones y actividades para salir del espacio que nos es natural, que se basa en la formación académica o profesional para cambiar las formas en las que nombramos y vemos al museo, intercambiando puntos de vista que generen lecturas conjuntas sobre un mismo tema.
  3. Promover la educación en la diversidad a través de una formación continua de los profesionales del museo, para fomentar un punto crítico sobre su trabajo y la puesta en marcha de operaciones remediales y sumativas que mejoren la experiencia del visitante.
  4. Reforzar el vínculo del museo con la sociedad para establecer sistemáticamente estudios de público o de caso, que den pasos hacia la construcción de perfiles definidos sobre los diferentes colectivos que conforman la sociedad. A partir de ello, generar proyectos concretos en colaboración con y para ella, en donde ambos (museo y sociedad) opinen y construyan juntos no sólo en función de cantidad, sino de calidad de atención.
  5. Reconocer ,a través del diseño museográfico, la multiculturalidad en la práctica educativa para evitar la exclusión cultural y la vulnerabilidad del visitante, con el objetivo de proporcionarle herramientas para indagar, descubrir y establecer puntos de significado con los contenidos mostrados.
  6. Diversificar la función social de los museos para traspasar las paredes de las salas de exhibición para construir nuevos espacios expositivos que vayan al encuentro con las comunidades por medio de actividades comunes y accesibles que potencien la memoria, la reflexión, los aprendizajes diferentes, el diálogo y la multiplicidad de ideas y discursos.
  7. Transformar el concepto expositivo y abordar relatos que tomen en cuenta temas como el género, la equidad y la inclusión, la justicia social, la lealtad, la identidad y la pertenencia; integrando una estructura de pensamiento complejo[6], por ejemplo: la filosofía como un elemento detonador de la pregunta y el conocimiento de sí mismo y del otro. “Muchos museos y exposiciones nos cuestionan a menudo sobre temas muy controvertidos, desde la política al sexo, la religión o la violencia: praxis museística unida a una teoría emergente, la museología crítica”[7].
  8. Construir nuevas narrativas en el museo y despertar la creatividad de los visitantes, activar sus posibilidades de expresión desde diferentes lenguajes; el arte también establece espejos en donde vemos reflejados a otros; puentes creativos para construir nuevas muestras expositivas que cuentan historias diferentes; actividades que emprendan caminos de tradición oral entre generaciones, culturas, contextos, sociedades que den lugar a pensar sobre el patrimonio y a darle sentido.

Este es un proceso conceptual y práctico que se encuentra en construcción, ante la posibilidad de participar activamente como sociedad para generar alternativas de cambio en y a partir del espacio del museo, en la generación de propuestas que amplíen la conciencia de quienes fuimos y somos para transformar nuestro entorno cultural.

 

Referencias y enlaces de interés

Da Milano, Cristina. Ponencia. El rol del museo en la sociedad contemporánea. III Congreso Internacional de Educación: Repensar los museos. Museo Thyssen Bornemiza. Madrid. 2016. Disponible en: http://www.congreso.educathyssen.org

Freire, Paulo. Pedagogía do oprimido. Editorial Paz e Terra. Rio de Janeiro. 1970.

Lorente, Jesús Pedro. Museología Crítica y Arte Contemporáneo. Editorial Prensas Universitarias de Zaragoza. España. 2003.

—. Investigaciones Museológicas: Cambios de Paradigmas y su recepción en la cultura hispana: De la Nueva Museología a la Museología Crítica. En: Tendencias de la Museología en América Latina. Articulaciones, horizontes, dimensiones. México: Ediciones Digitales ENCRyM-INAH 2015, p. 158. Disponible en: https://www.dropbox.com/s/dvzk5xcr6pnjccj/SePMAL%202015.pdf?dl=0.

—. Museología crítica: Museos y exposiciones como espacios públicos de controversia y participación colectiva, p.98. Disponible en: http://bit.ly/2lIaxTP.

Mondragón G., José Luis. Constructivismo, implicaciones en Educación. Pedagogía en el museo. Memoria Primera Reunión ICOM- CECA. Tlaxcala, 2000.

Morín, Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa, 1998.

Roberts, Lisa. From knowledge to narrative: Educators and the Changing Museum. Smithsonian Books, Washington, 1997.

 

[1] Declaración Universal de Derechos Humanos, Organización de las Naciones Unidas. Disponible en: http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/ y consultado el 11 de diciembre de 2016.
[2] ICOM Consejo Internacional de Museos Disponible en: http://icom.museum/la-vision/definicion-del-museo/L/1/ y consultado el 11 de diciembre de 2016.
[3] Da Milano, Cristina. Conferencia El rol del museo en la sociedad contemporánea.  En el III Congreso Internacional de Educación: Repensar los museos. Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. 2016. Disponible en: https://youtu.be/QXiIi4weFUY y consultado el 25 de noviembre de 2016
[4] Mondragón G., José Luis. Constructivismo, implicaciones en Educación. Pedagogía en el museo. Memoria Primera Reunión ICOM- CECA. Tlaxcala, 2000, p.44.
[5] Lorente, Jesús Pedro. Investigaciones Museológicas: Cambios de Paradigmas y su recepción en la cultura hispana: De la Nueva Museología a la Museología Crítica. En: Tendencias de la Museología en América Latina. Articulaciones, horizontes, dimensiones. México: Ediciones Digitales ENCRyM-INAH 2015, p. 158. Disponible en: https://www.dropbox.com/s/dvzk5xcr6pnjccj/SePMAL%202015.pdf?dl=0 y consultado el 30 de enero de 2016.
[6] Planteado por Edgar Morín, quien considera que el acercamiento a un objeto de conocimiento necesita darse desde distintas disciplinas para que se amplíe la comprensión e interpretación de aquello que se contacta
[7] Lorente, Jesús Pedro. Museología crítica: Museos y exposiciones como espacios públicos de controversia y participación colectiva, p.98. Disponible en: http://bit.ly/2lIaxTP y  consultado el 05 de diciembre de 2016.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

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