El educador de museos: Profesión emergente

 […] He luchado para que la figura del educador de museos cuente con todas las prerrogativas que se merece,
entre ellas la legitimidad académica, el reconocimiento social, la formación adecuada y una definición precisa de su rol profesional
(Juanola, 2009:257).

Actualmente, en nuestro país, la figura del educador de museos no se encuentra consolidada aún. Una de las razones es la falta de reconocimiento de las áreas educativas dentro de la misma institución museística, es decir, el escaso interés sobre el tema educativo en algunos museos. Aunado a esto, se puede señalar también la insuficiente oferta académica para la formación y profesionalización sobre temáticas vinculadas a educación y museos en México.

El primer punto resulta ser paradójico debido a que existe consenso sobre la relevancia de la dimensión educativa del museo en la formación de los visitantes pero no todos las instituciones parecen entender al fenómeno educativo de la misma manera, al igual que el trabajo de los educadores en él. En algunos museos se percibe a los educadores como meros repetidores y transmisores del discurso de los curadores o artistas, subestimando y haciendo invisible su labor (López y Alcaide, 2010). Esto se manifiesta en la jerarquía de las diversas áreas o departamentos que conforman a la institución, que suelen estar encabezados por: una estructura vertical, curaduría o investigación, museografía, relaciones públicas, diseño y departamento educativo (visto como el último eslabón y cuya única función es diseñar talleres y traducir el mensaje al destinatario final: los visitantes).

Sin embargo, dicho panorama se está modificando gracias a una mentalidad que concibe el trabajo en el museo no de forma lineal y en eslabones separados, sino como una tarea colaborativa en donde todos pueden tomar decisiones importantes en el proceso de elaboración de una exposición. Esa concepción está entrando a los museos por la incorporación de jóvenes pertenecientes a la Nueva Generación o la generación del Internet según Maite Álvarez (2009) colaboradora del Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, quien expresa lo siguiente:

Intenten imaginar el impacto que este grupo va a causar con sus valores, convicciones y su manera de trabajar colectivamente, en la producción del conocimiento intelectual, a través de la naturaleza de sus propios puntos de vista, basados en el trabajo en equipo, la colaboración, la inclusión, la tolerancia y la diversidad. El conocimiento que se produzca será interdisciplinar o el resultado de un conjunto de diferentes puntos de vista (Álvarez, 2009:207).

Desde esta perspectiva, el trabajo en solitario de las distintas áreas de un museo no sería igual de fructífero que el realizado por medio de un equipo que dialoga entre sí, presentando de esta manera una exposición mucho más integrada donde los públicos encontrarían una amplia gama de visiones y no solo el conocimiento de un grupo de expertos.

Cabe resaltar que esta visión corresponde a un museo de Estados Unidos. En México, la lucha por el reconocimiento de las áreas educativas de los museos ha sido constante, por poner un ejemplo, desde los años ochentas el Museo Nacional de San Carlos, el Museo Nacional de Arte y el Museo Nacional de Antropología recalcaron su preocupación educativa por medio del desarrollo de distintos programas y capacitación a su personal (Sadurni, 2014).

El enfoque al que alude Maite Álvarez también responde a la llamada curaduría educativa que “concierne a la inclusión de la perspectiva educativa en los grupos de desarrollo de exhibiciones” (Alderoqui y Pedersoli, 2011:58), es decir, la incorporación de personas conscientes de los distintos públicos que el museo recibe. Se identifica a estos actores como los educadores de museos preocupados por hacer de las personas el centro de interés en los equipos de trabajo dedicados a planear principalmente exhibiciones.

La curaduría educativa, también llamada curaduría pedagógica, tuvo especial relevancia en la sexta Bienal del Mercosur[1]  al ser la primera edición en donde existió una verdadera preocupación por las demandas y el diálogo con la comunidad antes, durante y después de la muestra (Hoff, 2011). A partir de aquella edición, la figura del curador pedagógico ha adquirido mayor fuerza dentro de la Bienal y es parteaguas en el trabajo educativo no sólo en encuentros artísticos internacionales sino también en museos.

Estas nuevas formas de trabajo están definiendo a los museos del siglo XXI caracterizados por equipos multidisciplinares y colaborativos donde la meta final es mejorar la experiencia del visitante. En ese sentido, una línea de trabajo un tanto radical para algunos son las exposiciones por prototipo debido a que se considera que éstas no son estáticas ni finales una vez inauguradas. Por lo tanto, es importante que todas las áreas del museo, como un conjunto o unidad, dediquen un poco de su tiempo a una exploración anticipada de los intereses de los visitantes para poder ofrecerles lo que están buscando.

Crear por prototipos significa, en el mejor de los casos, exposiciones abiertas, participantes y cambiantes a lo largo de su periodo de vida. Involucrar desde el origen las opiniones del público sobre el tema, invitarlos a escoger la mejor cédula para algún objeto, experimentar nuevas ideas de exhibición (no lineales ni en secuencia) e incorporar asuntos controversiales que les parezcan relevantes (McLean, 2015). Sin lugar a dudas, este enfoque genera resistencias por parte de directores, curadores, museógrafos y otros, por considerar que es una forma caótica de trabajar y también porque sienten vulneradas sus áreas de competencia profesional o de poder.

El educador de museo debe estar al corriente de estas innovadoras formas de proceder y también debe colaborar con equipos multidisciplinares. No obstante, esto conduce a una pregunta central: ¿cómo debería ser la formación de los educadores de museos?

Generalmente su preparación profesional se reduce a un interés personal de compromiso con su labor, es decir, son autodidactas en aspectos específicos como mediación y educación. En algunas ocasiones, crean una comunidad de aprendizaje con otros colegas que realizan funciones similares en distintos museos y juntos comparten textos, investigaciones y experiencias, que podrían adaptar a sus casos específicos. También buscan eventos relacionados con educación y museos como conferencias en donde sacian su sed de conocimiento y reflexión acerca del tema con otras personas igualmente interesadas.

Recientemente las instituciones de educación superior ofrecen algún tipo de formación al respecto y en la mayoría de los casos solo de manera de especialización (posgrados, cursos, seminarios, entre otros). Cabe resaltar que dicha oferta se concentra mayoritariamente en instituciones extranjeras como: Máster de Educación en los museos y estudios de visitantes de la Universidad de Leicester (Inglaterra), Máster en Museos, Comunicación y Educación de la Universidad de Zaragoza, Experto educador en museos por la Universidad a Distancia de Madrid, Máster en Educación en museos realizado conjuntamente por la Universidad de Alcalá y el Museo de arte Thyssen-Bornemisza, Curso virtual Comunicación y Educación en  Museos de la Universidad de Granada y Máster en Educación y Museos de la Universidad de Murcia (todas éstas últimas en España).

Mientras que en nuestro país destaca la maestría en Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) que contempla a la comunicación educativa como un campo de conocimiento. Este posgrado también organiza el Seminario Permanente de Museología en América Latina realizado anualmente cuya temática en el 2014 fue la “Comunicación y educación en museos y sitios patrimoniales”, el Seminario de Investigación Museológica (SIM) organizado por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM llevado a cabo mensualmente con intereses en educación y museos, y el Seminario El museo de arte y su función educativa: trayectorias y retos llevado a cabo por la Secretaría de Cultura a través del Centro de la Imagen cuya primera edición se llevó a cabo del 11 de abril al 31 de octubre de 2016.

Estos casos son algunas propuestas para reflexionar la práctica de la educación en museos que, además, hacen palpable la necesidad de contar con espacios para la formación de los educadores de museos contribuyendo a la paulatina construcción de la profesión. Por lo general esto responde a la percepción, dentro del mismo museo, de que los educadores que trabajan en aquellas áreas se forman únicamente con la práctica, y por tal motivo, cualquier persona puede serlo, pues basta solo su experiencia de trabajo para adentrarse a la teoría y a la reflexión laboral.

Es cierto que las profesiones se están redefiniendo, volcando su atención a las zonas indeterminadas de la práctica, que requieren que el profesional sepa trabajar en situaciones de incertidumbre y conflicto (Schön, 1992). Los educadores de museos enfrentan grandes retos en su trabajo diario cuyas soluciones específicas no están estipuladas en ningún manual nacional y no existen respuestas unívocas.

El educador de museos experimenta nuevas formas de acercarse al público porque su labor no es la mera transmisión de conocimientos legítimos, sino la de negociar con las distintas áreas del museo el hacer más accesible e interesante la colección a todo tipo de visitantes, y sobre todo arriesga nuevas formas de comunicarse con las personas. En definitiva, el educador de museos “se comporta más como un investigador que trata de modelar un sistema experto que como el experto cuyo comportamiento está modelado” (Schön, 1992:44) y reflexiona sobre sus acciones convirtiéndose de esta forma en un profesional reflexivo.

La práctica es necesaria pero no suficiente para la formación de educadores de museos. Aunque no se cuenta con un modelo consolidado de formación y, como se apuntaba al inicio, una de las razones estriba en la falta de reconocimiento de su labor, es importante señalar al mismo museo como centro de formación de sus propios educadores. Esto más que ser una opción para el museo se convierte en una obligación y responsabilidad con el público al que sirve, ya que debe brindar a sus educadores una permanente actualización pues “un museo no sólo debe tener profesionales competentes. Debe hacerlos” (Varela, 2013), pero ¿cuál es la situación real de los museos en México? ¿Se ofrece a las personas que trabajan en áreas educativas una formación actualizada y continua sobre educación en museos, mediación o teorías del aprendizaje? ¿Qué sucede con los prestadores de servicio social o voluntarios que regularmente tiene una corta estancia en los museos?, ¿se invierte tiempo en ellos?  La consolidación de la figura del educador de museos depende, aunque no exclusivamente, del reconocimiento por parte de todo el museo (especialmente de las áreas directivas) sobre la importancia de los departamentos educativos. Esto implica realizar ejercicios de reflexión permanente sobre cómo debería ser la formación del educador; así como también, sobre los conceptos en los que se rige su labor tales como: educación, interpretación y mediación; y a quiénes se dirige (visitantes).

Por otro lado, al hablar de educadores de museos no se encasilla únicamente a un tipo de profesionales como podrían ser los pedagogos. Sería absurdo pensar que solo ellos tienen algo que decir respecto a la educación o incluso que sean los únicos con el derecho a proponer desde las áreas educativas. Se debe comprender que cada vez con mayor frecuencia el campo profesional desborda estos límites y que el mundo actual exige saber trabajar con los otros, tal es el caso de equipos multidisciplinares en las áreas educativas de diversos museos.

 

Referencias

Alderoqui, Silvia y Contanza Pedersoli (2011), La educación en los museos. De los objetos a los visitantes, Buenos Aires, Paidós.

Álvarez, Maite (2009), “Cambiando el papel de la educación en los museos”, en Actas del I Congreso Internacional: Los museos en la educación. La formación de los educadores, Madrid, Fundación Thyssen-Bornemisza, pp. 242-257. Disponible en: http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/museos/mc/mes/revista-n-9-10-2013-2014/evocacion/tomas-llorens.pdf y consultado el 05/04/2016.

Hoff, Mónica (2011), “Curaduría pedagógica, metodologías artísticas, formación y permanencia: el giro educativo de la Bienal del Mercosur”. En Revista Errata#, núm.4, pp. 42-63. Disponible en: http://www.circuloa.com/errata-4-pedagogia-y-educacion-artistica/ y consultado el 07/05/2016.

Juanola Terradellas, Roser (2009), “Importancia de los museos en la educación artística. Diálogos de interpretación y transformación”, en Actas del I Congreso Internacional: Los museos en la educación. La formación de los educadores, Madrid, Fundación Thyssen-Bornemisza, pp. 242-257, Disponible en: http://www.estaciondelasartes.com/wp-content/uploads/gravity_forms/2-67af245c3a56c245328a35ecd40f1bac/2012/10/Actas_ICongreso_total.pdf y consultado el 05/04/2016.

López Martinez, Eneritz y Eva Alcaide Suárez (2011), “A solas con una educadora de museos: Una conversación sobre su trabajo, situación y visión de la educación artística contemporánea”. En Revista Digital do LAV, vol.4, núm.6, marzo, pp. 1-12.

McLean, Kathleen (2015), “Learning to be nimble: Museum incubators for exhibition practice”. En Exhibitionist, pp. 8-13. Disponible en: http://name-aam.org/uploads/downloadables/EXH.spr_15/6%20McLean%20EXH%20Spring%202015-6.pdf y consultado el 07/04/2016.

Sadurni Rodríguez, Nuria (2014), “Curaduría educativa: ¿democratizar el espacio o ejercer el poder?”. En Nierika, núm. 6, pp. 35-48. Universidad Iberoamericana, México.

Schön, Donald Alan (1992), La formación de profesionales reflexivos: Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones, Paidós, México.

Varela Agüí, Enrique (2013), “Tomás Llorens en 10 preguntas”. En Museos.es, núm. 9-10, pp. 232-237. Disponible en: http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/museos/mc/mes/revista-n-9-10-2013-2014/evocacion/tomas-llorens.pdf y consultado el 07/04/2016.

 

 

[1] Muestra internacional de arte contemporáneo realizada en la ciudad brasileña de Porto Alegre cuya primera edición se celebró en 1997.

Fabiola López Sánchez

Fabiola López Sánchez

Licenciada en Pedagogía por la UNAM, interesada en el tema de educación no formal en espacios culturales. Ha colaborado en distintos museos de arte de la Ciudad de México. @matty2220

12 Comentarios

  • Erendira dice:

    Soy mexicana, estudié Sociología y llevo dos años tratando de especializarme en el tema de eduación y museos.
    Comparto la incertidumbre sobre el rol del mediador,educador o guía educativo.
    Y creo que es cierto que muchas veces es el museo como institución es el que descuida a los educadores o les deja en último plano.
    Me gustaría saber si tienes más escritos respecto a este tema.
    Mil gracias

  • Adriana Alarcón dice:

    Me encantó este articulo, estaba buscando una perspectiva nueva para mi tesis y creo que la he encontrado. Me encantaría saber si tienes más artículos o trabajos para leer más acerca de estos temas. Los museos necesitan una perspectiva nueva en la educación no como transmisión, sino como parte del desarrollo de pensamientos critico fuera de las aulas.

  • Excelente discussão.
    No Brasila acabamos de aprovar a Política Nacional de Educação Museal, estamos comemorando 90 anos de institucionalização do primeiro setor educativo no país e temos os mesmos problemas.
    Parabéns pela reflexão!
    Vamos trocar experiências!

  • tef dice:

    qué inperesante artículo ! beso en el ojo

  • Gisela A. Schmid dice:

    Considero que la profesión de un educador de museos no es emergente en ningún país. Hace años que los que trabajamos a conciencia y nos formamos y capacitamos continuamente para ello venimos elaborando planes y proyectos en nuestros equipos, al igual que lo hacemos de manera colaborativa con otros, de otras instituciones. El problema que tenemos es que no nos damos tiempo para el registro de esas experiencias y no realizamos publicaciones. Somos invisibles hacia adentro del museo pero al mismo tiempo somos la cara visible del museo cuando llegan los visitantes.
    Es cierto que dentro del museo somos una isla, prácticamente no se trabaja interdisciplinariamente ni se nos consulta cuando se planea una nueva exhibición; los textos de sala y la manera en que se comunica la exhibición (folletería, dossiers, otros) no está adaptada con una trasposición didáctica.
    Al mismo tiempo, los museos contratan en muchas ocasiones profesionales de otras disciplinas que desconocen de pedagogía, didáctica, narrativas, interpretación del patrimonio… y terminan, como se ha dicho, repitiendo lo que otros quisieron decir. Entonces, a quienes vamos a responsabilizar?
    Disiento en hablar de curaduría educativa. Dentro del museo, existe la figura del museólogo, responsable de traducir y sintetizar (no minimizar) todas las visiones de las diferentes voces que existen en la institución (incluida la educativa) para las exhibiciones. Sin embargo, las autoras citadas en ninguna publicación hablan de esta profesión, entendiendo que el educador de museos puede encargarse de eso y mucho más.
    No considero que sea absurdo hablar de educadores de museos formados en dicha disciplina ya que nosotros no nos dejaríamos operar por un bibliotecario ni un médico estudió para trabajar en una biblioteca.
    En Argentina se creó hace poco una especialización de modalidad virtual sobre Educación en Museos pero aún así nosotros, como educadores, seguimos discutiendo cómo sería un plan de estudios para nuestros campo de acción.
    Considero que todo esto sirve para seguir intercambiando, creciendo, trabajando, pensando, reflexionando y discutiendo sobre nuestra propia práctica y visibilizar la importancia de nuestro trabajo y rol al interior de nuestras instituciones.

  • ISABEL CERVANTES dice:

    excelente articulo FABIOLA,,,, SUGIERO HAGAS tu MASTER creando la carrera de LIC EN MUSEOS…..en la UNAM… ese podria ser tu proyecto …..

  • Muy interesante artículo ya que me hace reflexionar sobre la importancia que tiene el educador de museos para que estos realmente sean un espacio de aprendizaje que impacte en la vida de cada ser humano. Para esto, coincido que la profesión de educador de museos necesita de muchas áreas académicas para que sea un equipo que agregué valor al área educativa de un espacio cultural.

    Aún falta mucho camino en nuestro país por difundir y dar a conocer esta labor, por lo que pienso se necesita informar a las instituciones educativas , gobierno y sociedad de esta labor y generar actividades en los museos donde el visitante pueda descubrir el trabajo que realizan estos profesionales y por qué no?? Inspirar a muchos jóvenes a explorar está área que seguro no es conocida por gran parte de la población mexicana.

    Buen día y gracias !! Sigue escribiendo y difundiendo está bella labor 🙂

  • maria dice:

    Buenos días Fabiola. Acabo de leer tu artículo en el Facebook y me ha interesado muchísimo.
    Te escribo porque estoy muy interesada en hacer algo relacionado con mediación cultural, pedagogía en museos, comunicación en museos …
    Yo vivo en Málaga y tendría que ser On line
    Me podrías recomendar cuál es para ti el mejor y más completo?
    Mil gracias

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