Conversaciones alrededor de las Buenas Prácticas. ¿Qué aspectos son necesarios?

La elaboración de un código de Buenas Prácticas implica establecer acuerdos entre los profesionales del museo y sus visitantes, que fundamenten el quehacer práctico sobre el cual trabajar y establezcan líneas de acción comunes y acordes a nuestro tiempo, a los visitantes, al tipo de experiencias que se quieren provocar, a las formas de aprender en el museo, a los procesos de trabajo colaborativo entre las áreas del museo, de gestión interna y externa, de participación y construcción entre profesionales; así como al diseño de exposiciones y actividades alrededor de éstas, tomando en cuenta las especificidades culturales y lo que es común a todos.

Este ejercicio ha planteado, a lo largo del tiempo, que los profesionales del museo generen cambios sustantivos sobre los cuales dirigir el logro de sus objetivos en los diferentes proyectos que desarrollan y que necesitan llegar hasta el ideario cotidiano de sus visitantes.

Por ello, propongo una serie de criterios para reflexionar sobre su definición, pertinencia, viabilidad y aplicación al propio contexto. Es decir, colocar en la mesa estas acciones encaminadas a sugerir una normatividad común sobre Buenas Prácticas. Conocer estos procesos en otros contextos, permitirá establecer referencias propias a partir de investigar, dialogar y contrastar con la propia práctica para desarrollar parámetros y líneas de acción concretas a través de la reflexión y el análisis de los fundamentos teóricos, éticos y filosóficos de los museos para fijar criterios consensuados, lineamientos comunes y  acciones que se consideran importantes en  las Buenas Prácticas.

Un primer paso y que considero importante es el realizar una puesta de valor sobre el trabajo museístico latinoamericano que se ha desarrollado durante los últimos cuarenta años (desde la Mesa Redonda de Santiago de Chile en los años 70) y abordarlo desde el punto de experiencia propio y  de nuestros colegas desde  un parámetro cercano a la realidad de cada museo, en cuanto a proyectos museísticos, expositivos, educativos y administrativos a través de actividades vinculadas con la comunicación, la gestión, la catalogación y la dirección de museos durante las últimas décadas.

A partir de ello, reconocer aciertos, puntos de oportunidad y retos sobre estos temas, generando la construcción colectiva de un código común entre profesionales en el ámbito latinoamericano que promueva en estos momentos criterios comunes para definir aquellas prácticas denominadas como “buenas”, no solo desde instancias legislativas, sino desde y para el museo, en donde los trabajadores que lo conforman tengan voz en un espacio común (directo o virtual) para revisar, reflexionar, renovar y crear nuevas rutas a favor de planes y programas que impliquen la mejora continua de las instituciones, de sus labores  y de sus acciones en el día a día.

Por lo tanto, es necesario adecuar estos criterios a la sociedad del siglo XXI para que puedan servir como  detonante, medio de inspiración y caminos  comunes por los cuales transitar hacia la innovación, la sustentabilidad, la inclusión y la colaboración  en el museo para beneficio de sus visitantes.

Algunos criterios de Buenas Prácticas sobre educación y otras áreas del museo a los que los invito a colaborar como un ejercicio que podemos revisar, reflexionar y construir juntos:

– Integrar los paradigmas museológicos contemporáneos en la ecuación filosófica del museo para que permitan: orientar la misión y visión de éste, tener claridad y establecer directrices sobre la misión y visión de cada área; así como las líneas de acción que cada uno diseñe con este componente teórico que dará sentido y coherencia a cada uno de los proyectos para que generen vínculos efectivos entre la teoría y la práctica y los dirija hacia puntos comunes e integrales.

Por ejemplo, si una de las misiones del museo es crear conexiones entre las personas y los objetos del museo, puede desprenderse de la Museología Crítica, en donde, entre otros criterios, se proponen procesos más reflexivos, participativos y democráticos sobre el quehacer del museo en sus aspectos curatoriales, expositivos, educativos, de difusión y participación social que produzcan espacios en donde las personas resignifiquen las exposiciones y propuestas, se integren otros puntos de vista o reflexiones sobre el museo que detonen cambios en la forma de vincularse con la comunidad.

– Diseñar programas de gestión metodológica, transparente y puntual que facilite al museo, a los directivos y a los gestores procesos de trabajo bajo estándares de calidad óptimos interinstitucionalmente a partir de la automatización tecnológica de la gestión, de  modelos virtuales, creativos e innovadores contemporáneos que agilicen la catalogación de fondos, de procesos administrativos y  de traslado puerto a puerto para que la comunicación, administración y logística sean eficaces en el día a día, al establecer criterios de trabajo colaborativo en el seguimiento de reestructuraciones y de proyectos expositivos permanentes,  temporales e itinerantes. y en reestructuraciones Por ello, una buena práctica de gestión facilita los procesos, optimiza los recursos para la consulta de información e investigación, aprendizaje y difusión o divulgación que de ella surja.

– Integrar en el diseño de programas y actividades Estudios de Público y de Impacto, así como otros formatos que proporcionen información sobre aspectos físicos, cognitivos, cognoscitivos, generacionales, sociales o culturales. Los estudios de público, nos permiten hacer el seguimiento de las prácticas de los visitantes, de su grado de participación, de su comportamiento y hasta del uso del espacio recorrido o el tiempo dedicado a una exposición; así como también conocer, dentro del museo, su grado de participación en el museo, su comportamiento y hasta el uso del espacio recorrido o el tiempo dedicado a una exposición, qué quieren, piensan y  sienten  a partir de la observación directa o a través de una encuesta de salida. (Se evalúan aspectos cuantitativos y cualitativos).

– Los Estudios de Público se pueden contrastar con estudios de investigaciones generacionales (Silentes, Baby Boomers, Generación X, Y o Z) para saber: ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Qué les atrae? ¿Cómo se relacionan con el mundo? ¿Cómo son sus formas de interacción? ¿Cómo aprenden del entorno y con otros? La investigación sobre los procesos cognitivos de las personas como las Inteligencias múltiples, las habilidades de pensamiento; las prácticas culturales y de consumo que tienen las personas y cómo potenciarlas son solo algunos ejemplos sobre estos temas por investigar que los profesionales del museo necesitan dialogar.

– Aunado a esto, es fundamental diseñar evaluaciones sistemáticas, tanto prospectivas como sumativas y correctivas de los diversos proyectos para contrastar lo planeado con la actividad en contexto real. Si bien, los Estudios de Público e Impacto abordan temas como la calidad del servicio, la afluencia de públicos o las actividades que son más atractivas y la coherencia de sus contenidos, entre otros aspectos; las evaluaciones, por su parte, también forman parte del ámbito educativo en el museo (aunque los estudios de público son un tipo de evaluación), las experiencias de aprendizaje (activación del conocimiento, contextualización, motivación, interacción, implicación emocional, toma de conciencia y comunicación), de su planeación, aplicación y seguimiento. Su implementación sistemática dota de información que permite corregir o crear propuestas atractivas para los visitantes a través de experiencias dinámicas, participativas y significativas acordes a sus intereses y a los proyectos expositivos, educativos, de gestión, extramuros y colaborativos entre redes de museos en proyectos concretos.

– Considerar al museo como un laboratorio de experiencias artísticas, científicas, históricas o arqueológicas en donde se investiga, experimenta, observa y contrastan elementos e ideas que permiten ver y sentir este espacio como cambiante, en donde las piezas, las personas y los especialistas experimentan juntos, empoderando  actividades cognitivas, cognoscitivas y emocionales de los visitantes desde diferentes entornos de aprendizaje: Desde esta perspectiva, generar entornos de aprendizaje que incluyan diferentes ámbitos:

    • Personal: emocional, conocimientos y experiencias previas.
    • Física: sensaciones completas.
    • Sociocultural:
      • La gramática del espacio en la que cada visitante ayuda a otros a buscar, a descubrir, a informarse y a experimentar en comunidad como una red semántica que aprende de cada interacción de los usuarios.
      • El bagaje cultural con que llega el público, sus predisposiciones culturales y ancestrales, en una especie de gramática del espacio en la que cada visitante ayuda a otros a buscar, descubrir, informarse, experimentar en comunidad, como una red semántica que aprende de cada interacción de los usuarios.

– Reforzar los proyectos educativos del museo en cuanto a la sistematización de sus propuestas y en relación con la planeación metodológica: objetivos, misión, visión, sustento teórico y desglose de los siguientes elementos: proyectos de redacción de contenidos y de elaboración del dummy,  diseño de producción, aplicación, evaluación,  y diseño  del  informe final que dé constancia gráfica y material de las propuestas.

  • Integrar otros modelos de aprendizaje que valoren las posibilidades de cada persona, en cuanto a:
  • Habilidades de pensamiento.
  • Socialización de la experiencia.
  • Diálogo como motor de la reflexión entre visitantes.
  • Interacción con los objetos.
  • Generación de experiencias significativas.
  • La mediación y la interpretación del patrimonio frente a él.

– Reflexionar de manera constante -como profesionales- sobre la generación de entornos compartidos, proyectos colaborativos con instituciones museísticas, comunidades, colectivos, grupos de profesionales de otras áreas de conocimiento y visitantes que acuden al museo para  establecer oportunidades de participación en donde todos juntos analicen la experiencia museal, integrando diversas perspectivas (por ejemplo, a través de la Matriz FODA, Focus Group, u otra),así como los proyectos exitosos y fallidos para transformar al museo en un semillero creativo en el que todos aporten e innoven desde su propia trinchera, dando un paso hacia la perspectiva del otro. De esta manera se pueden integrar procesos de trabajo en donde lo multidisciplinario, lo interdisciplinario y la transversalidad sean una constante en  el diseño de proyectos  por áreas para potenciar el trabajo colaborativo y la integración de equipos de trabajo a nivel conceptual y práctico.

– Generar espacios de formación de públicos (donde  los visitantes interactúen a niveles sensoriales y emocionales) como: los consejos infantiles; -los congresos, seminarios y cursos prácticos para profesores- en donde puedan experimentar estrategias innovadoras de enseñanza- aprendizaje así como reflexionar sobre el papel del museo en el Siglo XXI; o los consejos de artistas,  que realizan obras didácticas en el museo vinculando binomios como salud y arte, reclusión y arte con el fin de entender al museo como un lugar donde se pueden crear cosas locas[1], desacralizando la  idea del museo como un espacio en el que hay que estar en silencio, contemplando un espacio que resguarda objetos valiosos que nos acercan a una especie de alta cultura. En consecuencia, es necesario actualizar estas posturas por aquellas que directores, educadores, curadores y gestores ya están diseñando y poniendo en práctica en proyectos participativos que usan diversos medios (como los digitales) para sumar alternativas a nuevos públicos, sin perder su rigor conceptual y profesional.

Éste es un proceso constante, de replantearse la propia práctica, de reconocer lo hecho, de compartir experiencias, de dialogar con otros, de consensuar, de corregir, de establecer una mejora continua, compartida y en construcción; por ello, así como lo he propuesto en este texto, los invito a que trabajemos juntos en su desarrollo.

 

Referencias

Simon, N. (15 de enero de 2016) Museos y cultura participativa. Nuevas estrategias digitales en el diseño de exposiciones. Museum 2.0. El museo participativo. Recuperado de: http://youtube.com/https://youtu.be/c3VXVj82jZM y consultado el 10 de abril de 2017.

 

[1] Simon, N. (15 de enero de 2016) Museos y cultura participativa. Nuevas estrategias digitales en el diseño de exposiciones. Museum 2.0. El museo participativo. Recuperado de: http://youtube.com/https://youtu.be/c3VXVj82jZM y consultado el 10 de abril de 2017.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

3 Comentarios

  • Jose dice:

    Hola Patricia, tu articulo es indispensable para cambiar la cultura de trabajo en los museos y en la planeación de futuros espacios. Gracias.

    Ah, me parece que el tipo de letra es poco legible y el ancho de los renglones es demasiado por lo que cuesta trabajo leerlo. Me lo tuve que imprimir.

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