Evaluar experiencias de aprendizaje en el museo

Evaluación de experiencias de aprendizaje en museos

“Las personas son más importantes que los objetos”
Saroj Ghose, ICOM, 1998

Evaluar es un aspecto fundamental en la educación formal, que en los últimos años se encuentra frente al reto de pasar de un sistema en donde el centro del proceso educativo es la enseñanza (los resultados o los exámenes y la evaluación) y no el aprendizaje (los procesos). En el caso de la educación en museos (educación no formal), la evaluación se enfrenta a retos similares, ya que  todavía no tiene un papel protagónico en el ideario cotidiano de los educadores y no se aplica de manera sistemática y formal.

Para los educadores, iniciar cualquier tipo de evaluación ha implicado desplegar un proceso por el que sienten mucho respeto o tal vez un poco de miedo para llevarlo a cabo porque está conformado por múltiples aspectos y variables que no siempre pueden controlar y ante los cuales se sienten profesionalmente vulnerables. Además, a nivel institucional, todavía no se realizan planes anuales de proyectos educativos de manera persistente que integren todo el abanico de propuestas que se pueden realizar en el museo: visitas, talleres, recursos expositivos y didácticos, cursos de formación, actividades extramuros, entre otros, y que no sólo respondan a proyectos que den respuesta en último momento a necesidades expositivas temporales o de reestructuración.

Sin embargo, cuando la evaluación se lleva a cabo, se realiza de forma empírica porque aún no existe una metodología que aporte claridad o que esté integrada al proyecto de una manera integral, por lo tanto, es necesario formar a los profesionales en temas de evaluación de experiencias de aprendizajes en los museos. Desde hace décadas se han integrado los temas educativos en los Estudios de Público que han evaluado exposiciones temporales,recopilando datos con respecto al comportamiento de sus visitantes, (consumidores, usuarios o clientes como algunos los nombran) en los usos del espacio, y a los tipos de recorridos y  tiempo que dedican a determinadas piezas dentro de la exhibición, entre otros aspectos.

Los Estudios de Público son una forma de evaluar lo que se ha hecho en una muestra temporal o permanente, pero se diferencian de aquellos que competen a la educación en el contexto del museo, ya que éstos ponderan aspectos vinculados con la enseñanza, el aprendizaje, la percepción, la creatividad y la comunicación, entre otros factores. Para ello, es fundamental reflexionar sobre qué implica evaluar en el museo desde este aspecto, cuáles son sus fundamentos y procesos, así como la interpretación y retroalimentación de estos elementos dentro del contexto de la Educación en Museos.

Sistematizar estos procesos de evaluación puede llevar a los educadores a plantearse poner por escrito: ¿A quién evaluamos y por qué? ¿Qué evaluamos de una experiencia educativa dentro  del  museo? ¿Por qué? ¿Cuándo y cómo hacerlo?

“Para diseñar y evaluar experiencias de aprendizaje significativo es necesario dejar de pensar en el QUÉ para pensar en el CÓMO”[i], para ello, debemos  capitalizar nuestras  experiencias y saberes previos sobre lo que implica evaluar, haciendo un checklist del cual partir con el objetivo de establecer espacios de: negociación de significados e interacción entre iguales o distintos desde posturas más cualitativas, complejas y múltiples donde diversas metodologías (creativas, artísticas  y de juego, constructivistas y de pensamiento complejo) doten de alternativas viables para resolver los cómo dentro de los procesos de evaluación.

Evaluar cualitativamente implica involucrarse desde una perspectiva holística en donde los universos de aplicación son puntuales, con diseños de evaluación y técnicas mucho más flexibles, abiertas y emergentes. “El éxito de la investigación cualitativa, como toda investigación, radica en un diseño general sólido, incluyendo una articulación clara de las preguntas de la investigación, una selección apropiada del método, un diseño efectivo del instrumento de investigación, de la estrategia de muestreo y de los análisis de los datos y de la  interpretación”[ii].

Partir de un formato conceptual performativo que establezca la capacidad que tenemos de convertir nuestras ideas  en acciones concretas que impacten nuestro entorno permitirá que los educadores tomen un papel más activo en este proceso; posibilitando la creación de un movimiento basado en la enseñanza y en la planeación de proyectos educativos  que desarrollen acciones específicas fundamentadas en experiencias de aprendizajes que detonen en los visitantes procesos de construcción del conocimiento creativo, colaborativo y complejo dentro y fuera del museo. 

Por otro lado, integrar la evaluación, de manera cotidiana, en la planeación de programas educativos “intenta dar coherencia a los programas y a sus elementos internos, especialmente a los objetivos, contenidos, metodologías y criterios de evaluación”.[iii] La planeación y la correspondiente evaluación de proyectos y programas, que se basan en experiencias de aprendizaje,  permitirá que se active el conocimiento de manera sistemática y metodológica a través de  las actividades planificadas que ya son factibles de ser evaluadas cualitativamente:

  • Visitas: guiadas, participativas, autogestivas, teatralizadas.
  • Talleres: de verano, sabatinos, post visita.
  • Cursos de formación: para profesores y educadores.
  • Recursos didácticos: juegos, maletas didácticas, reproducciones, cajas de sentidos.
  • Recursos museográficos: espacios y módulos lúdicos y,
  • Actividades paralelas:conciertos, conferencias, debates, grupos de diálogo.
  • Publicaciones: guías, cuentos, cuadernos de actividades.
  • Proyectos sociales y para públicos especiales, colectivos artísticos y de género.

Mikel Asensio menciona que hay dos aspectos a partir de los que se integra la planeación y que también pueden considerarse para ser evaluados: Uno, como proceso desde la enseñanza en donde las acciones y propuestas toman en cuenta: los objetivos extracurriculares abiertos,  los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales; las secuencias no lineales que consideran elementos multidisciplinares, en donde la evaluación aborda aspectos cualitativos como los conocimientos previos, los vínculos con las relaciones personales y la disposición de aplicarlos en su contexto personal o en otros; finalmente,  dentro del primer modelo, la motivación interna y externa por aprender permite la interacción y potencia las  capacidades o habilidades personales y de relaciones con otros.

Las dimensiones y variables para planificar y evaluar desde los procesos de Enseñanza integran (Suárez y Calaf, 2013):

  1. Objetivos. Generales y particulares. Adecuados a la edad y tipo de público. Evaluar los objetivos nos permite saber si los visitantes pudieron  experimentar, observar, clasificar, imaginar, definir, inferir, explicar, distinguir, relacionar, valorar, reinterpretar lo expuesto.
  2. Contenidos. Averiguar si son diversos, transferibles de experiencias previas y si generan significatividad con la exposición permanente o temporal o si abordan aspectos complementarios a ella.
  3. Evaluar los tipo de conocimiento. Declarativos (información), procedimentales (actividades) y actitudinales (valores) acordes a los objetivos planteados.
  4. Competencias. Evaluar aquellas que tienen que ver con:  el conocimiento y valoración del patrimonio (relación recursos-tipo de patrimonio, otros patrimonios, componente social, apropiación simbólica), el conocimiento e interacción con el mundo físico (sitios patrimoniales y museos),  las sociales y ciudadanas (trayectoria histórica de problemas actuales, transformación y cambios sociales) las lingüísticas y sociales (lenguaje apropiado, diálogo, vocabulario) las que promueven la autonomía y el aprendizaje (recorridos autónomos y flexibilidad en las tareas), las culturales y artísticas (conocer diferentes culturas, estilos, y técnicas artísticas).
  5. Metodología. Evaluar los métodos y estrategias que se utilizan para realizar el programa y que fundamenta sus acciones para el logro de objetivos, el desarrollo de competencias y experiencias significativas.
  6. Interacción escuela-museo. En proyectos que integran vínculos con este tipo de público y con la gestión de ambas instituciones.
  7. Recursos. Evaluar la infraestructura del museo para realizar el proyecto, si integra recursos didácticos tradicionales e innovadores y si los recursos humanos que se integran son suficientes.
  8. Evaluación. Integrar los instrumentos de evaluación, los elementos a evaluar, los informes  y el evaluador .

El segundo modelo se basa en la planeación de procesos de aprendizaje (Asensio y Pol, 2004) que permean las dimensiones o los indicadores a evaluar desde el aprendizaje:

  1. Activación del conocimiento. Experiencias y conocimientos previos con respecto al museo: una exposición o un tema.
  2. Contextualización. Referentes de los contenidos a la experiencia del visitante y a conocimientos socialmente significativos  y cotidianos para éste.
  3. Motivación. Intrínseca y extrínseca. Curiosidad e interés previo.
  4. Aprendizajes. Conceptuales, procedimentales y actitudinales.
  5. Interacción. Aptitudes individuales, grupales y sociales.
  6. Implicación emocional. Si los contenidos son o no detonadores de emociones.
  7. Comunicación. Medios personales, de mediación o virtuales.

En el museo se implementan  diferentes tipos de evaluación que responden a distintos momentos del proceso de planeación, diseño o implementación de la actividad, que  pueden aplicarse en los proyectos educativos: visitas participativas o autogestivas, talleres para públicos diferenciados, diseño de recursos didácticos, museográficos o publicaciones, así como proyectos extramuros, entre otros:

  • Evaluación previa. Diagnóstico. Se aplica al momento de planificar. Permite tener información previa sobre: los intereses y conocimientos previos con respecto al museo, los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales de las personas para reconocer su disposición para aprender o su nivel cognitivo en la experimentación con la actividad sugerida. A partir de ello, se pueden establecer los conceptos base, los objetivos, las estrategias y las acciones que estructuran el proyecto para llevarlo a cabo de la mejor manera.
  • La Evaluación Formativa. Se aplica en la fase de diseño del proyecto educativo y permite hacer pruebas con el material o actividad a aplicar, partiendo de maquetas o displays en muestras pequeñas y focalizadas con el objetivo de conocer el proceso de aplicación y poder hacer modificaciones. Por ello,  “la evaluación formativa no es educativa ni verificadora y su propósito no es probar, sino mejorar”[iv].
  • La Evaluación Sumativa. Casi no tiene correcciones y se lleva a la práctica cuando la propuesta didáctica (aplicable a grupos o a visitantes solos) ya está terminada, por ello, permite ver de manera in situ el trabajo  final en sala, en los  talleres o en actividades extramuros.
  • La Evaluación Remedial. Se realiza postinstalación. En el caso de las exposiciones posibilita medir el impacto de una actividad, material o instalación completa para realizar cambios o correcciones que puedan ser necesarios. A nivel educativo implica modificar el proyecto.

Para llevar a cabo una evaluación cualitativa, los educadores emplean diversos  instrumentos a partir del tipo de proyecto educativo que tengan, con el fin de obtener la información que dará valor a los proyectos que van a desarrollar o que han llevado a la práctica, al mismo tiempo que refuerzan la pertinencia o no de sus objetivos e intenciones educativas.

Roger Schank, profesor y experto en el ámbito del aprendizaje, dice que “deberíamos de evaluar mediante la experiencia”, es decir, permitir que a través de la resolución de casos reales, los alumnos pongan en práctica lo que se les ha enseñado en clases. Desde esta propuesta el educador pone en práctica estrategias diferentes, participa activamente con sus públicos y está atento a la generación de experiencias de aprendizaje que permitan su evaluación cualitativa. El educador tiene un doble juego, por un lado es partícipe de la  evaluación y a la vez se coloca como investigador y analista del propio proceso, que puede compartir con los visitantes de manera organizada y sistemática.

Aquí se presentan algunas herramientas que los educadores pueden utilizar para integrarlas a sus acciones de evaluación:

  1. Escenarios de aprendizaje. En donde los visitantes experimenten los procesos propios del museo (investigación, planeación, montaje, etcétera). Esta alternativa, además de utilizarse en talleres, puede integrarse a actividades como visitas participativas, recursos museográficos o publicaciones que darán cuenta de la participación y experimentación del público o del visitante en el museo.
  2. Es una alternativa antes, durante y posterior a la visita y posibilita que los visitantes, a partir de una exposición, charla o el trabajo con recursos didácticos defiendan de manera fundamentada los contenidos y razones de cada actividad. Esta opción plantea al educador reconocer cuáles son las opiniones e ideas principales de los visitantes frente al patrimonio, a la experiencia de visita o al recurso didáctico como detonante de ideas y valores.
  3. Exposición Autónoma. Posibilita la presentación de un tema a partir de la experiencia individual de los visitantes en función de saberes, intereses, emociones; sensaciones generadas por su visita guiada, participativa o autoconducida por el museo o por la exposición temporal concreta. Esta exposición analiza, sintetiza y comunica verbalmente o por escrito los contenidos significativos para el educador y para el visitante, teniendo como referencia las piezas y las cédulas museográficas observadas. Esta herramienta permite a los visitantes darse cuenta y elegir qué del total de su experiencia es importante compartir, plantear con sus palabras y con sus códigos en cuanto a contenidos, procedimientos y valores; por otro lado, permite al educador ver directamente las exposiciones y valorar sus respuestas y construcciones.
  4. Grupos de Discusión. Tienen la intención de crear espacios planificados de diálogo entre personas, en donde pueden expresar lo que piensan, sienten y saben previamente sobre un tema que corresponde al museo, pero de una manera relajada e informal. Se pueden implementar a partir de proyectos extramuros con públicos potenciales _–como una evaluación previa, remedial o sumativa a una exposición– en un espacio en el museo en donde participen y expresen personas de diferentes edades y características.
  5. Mapeo de significado personal (MSP). Las dimensiones de análisis que brinda esta herramienta posibilitan, como lo mencionan Falk y Dierking (2000), la construcción de significados y permiten integrar el vocabulario que se usa en una exposición antes de la visita, así como los niveles de complejidad que se desprenden de cada respuesta por parte de los visitantes: sus saberes previos, sus conceptos erróneos y aquellos contenidos que se sumen durante el recorrido: la lectura de un libro o de un texto educativo o un taller previsita o previo a la entrada a un espacio lúdico. El MSP establece un proceso de diálogo entre todos los que lo comparten, contrastando sus saberes, sus procesos de construcción de conocimiento, de ideas y de opiniones sobre la actividad realizada. El mapeo como evaluación brinda información gráfica, puntual y clara sobre lo que piensan, sienten e interpretan los visitantes durante la experiencia para evaluar sumativamente o no en la etapa final de la actividad.
  6. Redes conceptuales. Son una variante del mapa cognitivo y una técnica de autoinforme que representa gráficamente  las estructuras mentales de los públicos a partir de su contexto y el espacio en el que se mueven para construir su conocimiento (en el museo). También, como el MSP, dan cuenta de contenidos, procedimientos y valores que destacan a partir de la experiencia personal y del intercambio verbal, físico o cognitivo que hace el visitante con otros individuos en un momento concreto.
  7. Tareas experimentales perceptivas. La evaluación tiene un enfoque basado en el aprendizaje perceptivo y toma en cuenta el índice de respuesta que pueden tener los diversos públicos a las sensaciones y a las percepciones ante experiencias de aprendizaje basadas en los sentidos y en las estructuras cognitivas. Al plantear espacios de interpretación, talleres creativos, visitas participativas o publicaciones interactivas se pretende provocar reacciones de identificación y diferenciación de los estímulos que se le presentan al público, con el objetivo de saber  qué sucede, cómo y por qué.
  8. Cuestionarios. Son una herramienta que se puede aplicar como diagnóstico o evaluación previa al proyecto que se va a realizar, así como evaluación sumativa para integrar en la tira de preguntas aquellos aspectos que se vinculen con los contenidos, con los procedimientos y con los valores que se quieren conocer viendo su pertinencia,así como con las características del público o las formas en las que a éste le gustaría experimentar en el museo. Los cuestionarios como medio de evaluación para los educadores, integran preguntas cerradas cuantitativas, y aquellas cualitativas que dan cuenta de los procesos y no solo de los resultados.
  9. Entrevistas. El contacto directo del entrevistador con el entrevistado permite acercarse a públicos potenciales y reales de una manera personal para poder recabar información de manera verbal y profundizar sobre temas educativos concretos, puntos de vista o discrepancia sobre experiencias de aprendizaje particulares. Éstas pueden ser aplicadas para proyectos de más larga duración y en los que se requiere hacer cambios de fondo que creen espacios de diálogo para comunidades específicas dentro de un amplio abanico de posibilidades y resultados.
  10. Registro de documentos. Permite conocer cuáles son aquellos materiales bibliográficos, de gestión o didácticos que se han elaborado y que sustentan la práctica evaluativa y educativa en el museo con el fin analizar su pertinencia para el diseño de proyectos educativos, así como de la actualización de los mismos.Finalmente, la revisión de documentos se enmarca en un proceso de evaluación sumativa y remedial para proyectos desarrollados o para aquellos que se quieren integrar a los proyectos en curso.
  11. Cuaderno de Bitácora. Se incluye la puesta en valor de la experiencia de aprendizaje a partir de un registro escrito de la misma y de los procesos por los que han pasado los visitantes, los mediadores y los educadores, ya que todos forman parte de la experiencia de procesos de aprendizaje antes, durante y después de su estancia en el museo. El cuaderno detona la participación por palabras clave o preguntas que están colocadas en él. Las posibilidades de evaluación de la bitácora implican capitalizar la autoreflexión, la autoevaluación y la metacognición de los procesos de trabajo.

Los educadores no deben olvidar que: evaluar implica un proceso sistemático y metodológico antes, durante y después de cada proyecto, en donde los “participantes [deben estar]  totalmente informados acerca de los propósitos de la investigación y de la naturaleza de su participación voluntaria, la información proporcionada [debe ser]  confidencial y las identidades protegidas apropiadamente”[v].

La evaluación de experiencias de aprendizaje no solo toma en cuenta aspectos cuantitativos: cantidades concretas de visitantes, grupos atendidos, niveles escolares, etcétera, que integran datos objetivos y tangibles que deben responder a preguntas cualitativas y subjetivas: ¿Cómo se ha atendido a cantidades impresionantes de visitantes? ¿Qué alternativas tienen los educadores además de la visita guiada o las guías impresas o audioguías? ¿Qué tipo de experiencias de aprendizaje significativo se generan para los visitantes? ¿Qué se valoraría del museo en una visita en solitario o en exposiciones multitudinarias?

Éste es un acercamiento, sin embargo, hay camino por recorrer en cuanto al intercambio, al diálogo y a la reflexión sobre la evaluación educativa, principalmente en la generación de experiencias de aprendizaje construidas con y para la amplia diversidad de visitantes.

 

Referencias

Acaso, María . Sesión 5 de la EED : ¿La evaluación mata la educación? (parte 2). Espacio Fundación Telefónica Madrid. Recuperado de https://youtu.be/ElSPD_GKP34 y consultado el 12 de septiembre de 2017.

Asensio Mikel y Elena Pol. Evaluación de exposiciones. en Museografía didáctica. Coordinador por Joan Santacana Mestre y Nuria Serrat Antoli. España: Ariel, 2005.

Austin, J.L. Cómo hacer cosas con las palabras.  Barcelona: Paidós, 1998.

Barajas Sebastián, Aprender es Hacer o cómo adaptar el sistema educativo al siglo XXI.  España: Ubiqum, 2013.

Barthes, R. La muerte del Autor en El susurro del lenguaje,  Barcelona: Paidós Comunicación, 1994.

Davidson, Lee. Comprendiendo la experiencia del visitante a través de la investigación cualitativa en Estudios sobre públicos y Museos, Volumen II. Apuntes para pasar de la teoría a la práctica. Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía  “Manuel del Castillo Negrete” ENCRyM, 2016: 79 y 83.

El Diván Museológico y NodoCultura. Estudios sobre públicos y museos. Línea del tiempo. Recuperado de http://publicosymuseos.nodocultura.com y consultado  el  12 de septiembre de 2017.

Lozano, Mónica y Sánchez-Mora, Carmen. Evaluando la comunicación de la ciencia. Una perspectiva latinoamericana. CYTED, AECI, DGDC-UNAM.México D.F. Recuperado de http://www.redpop.org/wp-content/uploads/2015/06/Evaluando-la-comunicacin-de-la-ciencia.pdf y consultado el 14 de octubre de 2017.

Luchetti, Elena. El Diagnóstico en el Aula. Conceptos, Procedimientos y Actitudes y dimensiones complementarias. Serie EGB Polimodal. Buenos Aires. Argentina: Editorial Magisterial del Río de la Plata, 1998.

Suárez, M.A., Gutiérrez, S., Calaf, R., San Fabián, J.L.  La evaluación de la acción educativa museal: una herramienta para el análisis cualitativo. Clío 39, 2013. Recuperado de http://clio.rediris.es/n39/articulos/Calaf.pdf  y  consultado el  12 de septiembre de 2017.

Zuazúa de Loresecha, Belén. Análisis cronológico de la evolución de los estudios de públicos en México y el mundo. Una visión introductoria en Públicos y Museos. Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” ENCRyM,  2016. PDF.

 

[i] María Acaso. Sesión 5 de la EED: ¿La evaluación mata la educación? (parte 2).
[ii] Davidson Lee, Comprendiendo la experiencia del visitante a través de la investigación cualitativa en Estudios sobre públicos y Museos, Volumen II. Apuntes para pasar de la teoría a la práctica. ENCRyM, 2016: 83.
[iii] Lozano Mónica, Carmen Sánchez-Mora. Evaluando la comunicación de la ciencia. Una perspectiva Latinoamericana. CYTED, AECI, DGDC-UNAM.México D.F. http://www.redpop.org/wp-content/uploads/2015/06/Evaluando-la-comunicacin-de-la-ciencia.pdf
[iv] Lozano Mónica, Carmen Sánchez-Mora. La evaluando la comunicación de la ciencia. Una perspectiva Latinoamericana. CYTED, AECI, DGDC-UNAM.México D.F. http://www.redpop.org/wp-content/uploads/2015/06/Evaluando-la-comunicacin-de-la-ciencia.pdf
[v] Davidson Lee, Comprendiendo la experiencia del visitante a través de la investigación cualitativa en Estudios sobre públicos y Museos, Volumen II. Apuntes para pasar de la teoría a la práctica. ENCRyM, 2016: 79.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

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