Museo 3.0: No solamente visitantes, sino el personal como usuario

By febrero 1, 2018MUSEOLOGÍAS

La enunciación dogmática y enciclopédica del museo moderno[1] –aquél centrado en los objetos que no solamente expone, sino educa y dicta el conocimiento– ha sido resistida por múltiples narrativas que, aún en sus divergencias, se concentran en los visitantes activos en los procesos de comunicación e interpretación de las colecciones y las instituciones.

Es así como la propuesta del postmuseo (Hooper-Greenhill, 2000) constructivista (Hein, 2004)  de finales del siglo XX y primeros años del 2000, subraya su intención educativa e interactiva en un campo de subjetividades emergentes que dialogan, se reconocen, gestan y gestionan la misma institución (Rodrigo Montero, 2012). Nina Simon alude a la versión 2.0 del museo –término adquirido de la web– como un museo participativo, en el que los visitantes crean, contribuyen, comparten, discuten, redistribuyen, interactúan y socializan entre ellos y en torno al contenido expositivo y museístico. Es precisamente en esta versión de la institución cuando se insiste en un “museo centrado en personas”.

Las razones del museo –acumular, estudiar, representar, enseñar– en cierta medida se han ejercido desde una visión paternalista: La institución es la que aporta o emite, y los públicos obtienen. Sin embargo, desde una versión distribuida, “… la práctica museológica ya no reside únicamente en el edificio, pues su fundamento somos nosotros, las personas que trabajamos en él, que lo visitamos o que, incluso, lo rodeamos y esquivamos.”[2] El propósito del museo es que sea útil y aprovechable por las comunidades que lo conforman, todas ellas (Ruffo, 2014). En este modelo, no solamente los visitantes (incluyendo virtuales y potenciales) sino también el personal, son usuarios que emplean, consumen y disponen del espacio y de las colecciones; y el museo muta con ellos, estableciendo una red de interconexiones y vínculos a partir de los usos que se le dan a la institución.

Habitualmente, referimos al museo como este ente o nube, sin advertir que es y funciona por las personas, desde su ideología, sus necesidades y razones de trabajo. Precisamente, hace unos meses, Leticia Pérez Castellanos inició la conversación sobre la importancia de prestar atención a los profesionales del patrimonio y museos. En su conferencia “Museos con “P” de personas. Una alternativa al debate colecciones vs visitantes”, en el 1er Simposio Museos y Gestión Cultural de la UACM, mencionó la necesidad de considerar un modelo en el que exista una relación más equilibrada entre el patrimonio y los públicos, y ésta sería dada por el personal, quien construye el museo. En un argumento semejante, Mike Murawski recientemente inició lo que será una serie de reflexiones alrededor de cómo volver a los museos instituciones centradas en las personas en busca de un impacto positivo en las comunidades. Retomando las palabras de Jasper Visser en su texto “From Social Media to a Social Museum” para el Nordic Centre of Heritage Learning, las acciones de una organización social como el museo no solamente incluye a sus visitantes sino al personal, mecenas, patrocinadores que muchas veces dejamos de lado, pero que son también usuarios (Visser, 2013).

“¿Qué pasaría si un museo creara un camino para el usuario[3], para que realmente estuviera involucrado en su modus operandi? ¿Un museo en el que el usuario, no el espectador, sea la clave de la relacionalidad; donde el contenido y el valor que genera se mutualice para la misma comunidad de usuarios?”
–Stephen Wright, 2013

Así, esta nueva versión del museo en que objetos y personas tienen un valor justo, –denominada 3.0 por algunos por su relación con la estructura de la web semántica– se concibe como un recurso que permite que el conocimiento (las colecciones, los discursos y las representaciones, los servicios y los productos) sea compartido, usado y reusado a través de distintas vías y plataformas, en diferentes aplicaciones, y sobrepasando los límites o las fronteras hacia un ejercicio más accesible y colaborativo. John Orna-Ornstein, ex director de museos del Consejo de Artes en Reino Unido, adjudica a dos elementos clave la formación del museo 3.0 (Orna-Ornstein, 2015):

  1. La web que ha modificado el entendimiento del museo como autoridad, y en cambio reparte la construcción de conocimiento con el público. Las formas de comunicación también son replanteadas y modificadas pluralmente: algunas se vuelven más lúdicas e interdisciplinarias, integrando las voces que están detrás de salas (hace tiempo el MUNAL realizaba videos donde su personal comentaba alguna obra), otras acuden a instancias privadas (por ejemplo, Google Cultural Institute) o a los espacios públicos (como sus propias plazas, explanadas, atrios), etcétera; mientras algunas más a prácticas que tienen el cometido de acercarse e integrar a distintas comunidades, a diversos niveles (retomo el MUNAL en sus recorridos en Lengua de Señas Mexicana o la iniciativa de El MUAC en tu casa).
  2. La necesidad económica que lleva al museo en enfocarse en el cliente, que puede traducirse como el visitante que compra su boleto en la taquilla, el patrocinador o el donador cuya aportación es significativa para el sustento del museo. Para Chris Dercon, quien fuera director de la Tate Modern por seis años, la gestión museística sigue a grupos de interés estratégicos como empresarios y oligarcas (Murrell, 2014). En este punto, cabe anotar que paradójicamente los profesionales del museo actual buscan tener una mayor voz política[4], respondiendo a objetivos ideológicos que, muchas veces, se encuentran en conflicto con la propia institución.

Precisamente, en el último punto es cuando se da una demanda en la modificación de qué y para qué es un museo (que va más allá de sus colecciones). Entenderlo centrado en quienes lo usan, en las personas[5], requiere la transformación en las estructuras organizacionales institucionales, pues el modo de operar ya no es único e inamovible, sino que se configura a partir de procesos de negociación y mediación constante.

En “Towards a more human-centered museum: Part 1, rethinking hierarchies”, Murawski propone atender la organización desde modelos de trabajo más participativos, democráticos, horizontales y responsivos (ajustables y flexibles) que, en consecuencia, modifican, no solamente el cuidado y salud del personal, sino la manera en la que emplean el museo y su sentido[6].

Y ¿cómo hacerlo? (Murawski, 2018)

  • Es importante que la pasión, el interés, las búsquedas y las responsabilidades sean compartidas –que no necesariamente indica que sean iguales– entre el personal, los voluntarios, colectivos, e incluso, los visitantes
  • Impulsar y reconocer el liderazgo a distintos niveles: empleados que apenas inician, personal en sala, técnicos, coordinadores, etcétera
  • Ver la capacitación continua del personal como una inversión en el mismo patrimonio. Hace unos años el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey realizaba una capacitación inicial de una semana para sus mediadores (estudiantes en servicio social) y una semanal a lo largo del semestre, capacitaba a los guardias sobre el contenido de las exposiciones. Y para este tipo de ejemplos, también el Museo Jumex cuenta con un programa bastante personalizado que atiende a sus voluntarios[7], muchos de ellos que trabajan frente al público.
  • Modificar la jerarquía tradicional por relaciones organizacionales distribuidas, estableciendo entornos respetuosos y responsables
  • Promover la participación pública en la mesa de juntas y en las salas, evitando monólogos y unidireccionalidad
  • Atender la experiencia de todo usuario del museo. Aquí hay que recalcar que, más allá de un empleo y su consecuente retribución económica, habría que repensar qué más obtiene el profesional de la institución, qué oportunidad de uso tiene –o ¿es que solamente el visitante ha de beneficiarse?

¿Qué están haciendo nuestras instituciones por sopesar el valor patrimonial y el de las personas? ¿Cómo estamos cuidando de nuestros colegas y de nosotros mismos?

El desplazamiento del museo centrado en objetos al museo centrado en personas no es una aseveración binaria, sino que reconoce al museo, en sociedad, como un espacio patrimonial que alberga y comunica colecciones, piezas, objetos, pero que significa y negocia: Más que ponderar la importancia entre unos y otros, se debe de tratar de un museo crítico, transparente, expandido, inclusivo y compartido.

Hablar de esto, del énfasis en los usuarios del patrimonio (como documento, gesto, pretexto, razón…), del museo 3.0, y de tantas etiquetas más (ya se empieza a hablar incluso del museo en su versión 4.0), sirve si llevamos nuestra palabra a la acción, si en vez de llevar a cabo ejercicios aislados y temporales, procedemos desde una vista conjunta que vuelva el uso del museo algo perdurable en el personal, en los profesionales de museo independientes, y por supuesto, en nuestros públicos.

 

Referencias

Hein, G. E. (2004). The constructivist museum. En E. Hooper-Greenhill (Ed.), The Educational Role of the Museum (pp. 73-79). Londres y Nueva York: Routledge.

Hooper-Greenhill, E. (2000). Museums and the Interpretation of Visual Culture. Londres y Nueva York: Routledge.

Murawski, M. (2018, Enero 22). Towards a more human-centered museum: Part 1, Rethinking Hierarchies. Obtenida el 22 de enero de 2018, de Art Museum Teaching: https://artmuseumteaching.com/2018/01/22/rethinking-hierarchies/

Murrell, E. (2014, Junio 28). Museum 3.0. Obtenida el 22 de enero de 2018, de Trendesign: http://trendesignmagazine.com/en/2014/06/museum-3-0/

Orna-Ornstein, J. (2015, Abril 24). Museum 3.0. Obtenida el 9 de julio de 2017, de Arts Council England: http://www.artscouncil.org.uk/blog/museum-30

Rodrigo Montero, J. (2012). Experiencias de mediación crítica y trabajo en red en museos: de las políticas de acceso a las políticas en red. Obtenida el 2 de junio de 2017, de Academia: https://www.academia.edu/3537028/Experiencias_de_mediación_crítica_y_trabajo_en_red_en_
museos_de_las_políticas_de_acceso_a_las_políticas_en_red

Ruffo, C. (2014, Octubre 18). Museums 3.0: Implementing programs/exhiits which are a community resource. Obtenida el 9 de julio de 2017, de Association of Science – Technology Centers: http://www.astc.org/annual-conference/museums-3-0-implementing-programsexhibits-which-are-a-community-resource/

Salgado, M. (2013). Diseñando un museo abierto. Buenos Aires: Wolkowicz Editores. Obtenida el 9 de julio de 2017, de http://www.wolkowiczeditores.com.ar/libros_digitales/museo_abierto_salgado.pdf

Visser, J. (2013). From Social Media to a Social Musem. Obtenida el 14 de enero de 2018, de http://nckultur.org/wp-content/uploads/2013/06/From_Social_Media_to_a_Social_Museum_Jasper_Visser.pdf

Wright, S. (2013). Toward a Lexicon of Usership. Eindhoven: Van Abbemuseum.

[1] También llamado museo 1.0, cuyo primer planteamiento es el gabinete de curiosidades que si bien comprende propósitos de investigación y estudio, responde a la visión de coleccionistas y grupos específicos privados o del ejercicio público.

[2] “En la construcción del museo distribuido” es un texto que escribí para el III Congreso Internacional Los Museos en la Educación (2016), del Museo Thyssen Bornemisza. En él enlisto otras tantas características del museo distribuido, inseparable de la idea del museo 3.0. http://bit.ly/museo_distribuido

[3] El texto original utiliza el término usership, que implica acción de relación, a diferencia de solamente “usuario”.

[4] En este tema recomiendo revisar “Museums are not neutral”, iniciado por LaTanya Autry y Mike Murwaski. En español, escribí el texto “Escenarios de empoderamiento. Autoridad compartida entre museo y comunidad” cuando recién iniciaba el movimiento.

[5] Para fines de este texto, no profundizo en la diferencia entre usuarios y personas; sin embargo, en el desarrollo de experiencias, especialmente digitales, se argumenta la diferencia entre el diseño centrado en personas y el diseño centrado en usuarios, su pertenencia depende de los objetivos y nivel de detalle de investigación y desarrollo:

  • Diseño centrado en personas: Considera aspectos contextuales, socio-culturales e incluso psicológicos. En los museos, es una herramienta de gran utilidad para conocer a los públicos y sus necesidades en relación a la institución, a sus servicios y programas.
  • Diseño centrado en usuarios: Es una versión más concisa que se enfoca en elementos técnicos y en una audiencia más específica. En el museo, puede ser de utilidad para recursos, herramientas o procesos muy específicos con un público objetivo definido.

[6] En uno de mis más recientes textos sobre la transformación del museo como lugar común planteo el proceso de asesoramiento como una forma de trabajo que puede facilitar y optimizar la toma de decisiones conjunta.

[7] Muchas gracias a Cristina Torres del Museo y a Gala García (voluntaria) por contarme un poco sobre su forma de trabajo.

Nayeli Zepeda

Nayeli Zepeda

Historiadora del arte y maestra en museografía didáctica. @nayelizepeda

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