El museo compartido. De la autoridad abierta y sus reconciliaciones

By marzo 8, 2018MUSEOLOGÍAS

Hace unos días tuve una conversación con una colega sobre el concepto de autoridad compartida en el museo, y por qué me parecía importante usar “compartido” y no “repartido”, no como verbo en infinitivo o gerundio, sino como adjetivo. Pero ¿qué importancia tiene esa frase? Más allá de una discusión semántica, me pareció oportuno que parte de esa conversación se volviera el siguiente texto.

“En el futuro la autoridad que un museo pretenda […]
se garantizará al tener una misión clara y distintiva bien ejecutada y
una conexión implacable con sus públicos en una atmósfera de confianza mutua.”
Harold Skramstad

La relevancia del museo desde su rol como facilitador en la conversación social y en las experiencias críticas no es nuevo: El museo como foro (Duncan, 1971), el museo crítico (1980), el museo participativo (Simon, 2010), el museo consciente en sus diferentes variantes (Gopnik, 2007; Janes, 2010), el museo distribuido (Proctor, 2010; Balsamo y Bautista, 2011), el museo 3.0, y otros tantos antes y después, muestran que es necesario un museo responsivo frente a la actualidad de su contexto. Y esto solamente es posible si se concibe como o desde un rol cívico y político.

En esta búsqueda, alrededor de 2012, se retomó el concepto de autoridad compartida como un recurso que valora la colaboración de distintos agentes que se plantean el compromiso con el registro de la memoria e historia, y la representación de las preocupaciones y esfuerzos colectivos. Es así que algunas instituciones han articulado formas para discutir, negociar, reconocer y representar la diversidad de narrativas, discursos e imaginarios que las generan. En “Escenarios de empoderamiento. Autoridad compartida entre museo y comunidad” mencioné algunas de estas iniciativas en México y Estados Unidos, en las que se destaca -desde la Museología Crítica[1]-que el museo no es neutral y es necesaria la configuración de una ciudadanía que, incluso, cuestione el mismo museo.

La primera vez que leí sobre el concepto de autoridad compartida fue en el texto “Shared Authority: The Key to Museum Education as Social Change”, de Elizabeth Duclos-Orsello para el Journal of Museum Education de julio de 2013. Sin embargo, el término fue inicialmente usado por Michael Frisch (1990) en referencia a los procesos interpretativos de la historia oral: Se trata de un diálogo entre distintos tipos de experiencias y habilidades entre el conocimiento erudito y el experiencial, aquel reside en la comunidad e implica a una mayor amplitud de públicos. El propósito es una consciencia histórica más democratizada (Hutchison, 2013) y una representación del conocimiento más completa.

No es lo mismo compartir que repartir o entregar, así como tampoco lo es como adjetivo que como verbo progresivo. Para Frisch, la autoridad[2] no se comparte, sino que ya es compartida: No es que la comunidad se asuma como erudito, ni que sean iguales, sino que se debe revelar la extensión de esas diferencias; no es que el experto posea una autoridad para repartir –o que renuncie a ella– sino que debe reconocer y evidenciar la dimensión dialógica del proceso interpretativo (Frisch, 2011)[2].

Este término se empleó en la práctica museística también como autoridad abierta para referir a este tipo de reconciliación entre las nociones tradicionales y las expectativas actuales de transparencia y colaboración. La responsabilidad de construcción de sentido no reside en una persona o en un lado o en el otro, sino que ésta no termina. Lori Byrd Phillips, quien fijó este concepto desde el modelo pedagógico Reggio Emilia, describe que implica (Phillips L. B., 2012):

  • Acceso al conocimiento propio del museo, de sus expertos y profesionales.
  • Participación de los visitantes y usuarios (no solamente del museo hacia fuera, sino al interior, con el mismo personal).
  • Contenido con el cual involucrarse.
  • Control compartido.
  • Diálogo que beneficie a la comunidad (incluyendo curador, visitante, educador).
  • Énfasis en procesos y vínculos duraderos, a largo plazo.
  • Evidencias de colaboración.

La propuesta de una autoridad abierta requiere de constancia y perdurabilidad dentro de la propia enunciación y política del museo. Por ello, el análisis de su impacto es complejo y requiere marcos de evaluación a distintos niveles que apunten a diversas posiciones y resultados: ¿El museo trabaja asuntos relevantes para la comunidad?, ¿integra públicos diversos y vincula a sus comunidades?, ¿promueve el debate social y es un catalizador para la acción?, ¿crea alianzas para empoderar a los ciudadanos? ¿integra a la comunidad en la toma de decisiones? (Bollwerk, Tate, & Connolly, 2016).

La labor del educador como facilitador y mediador es esencial en este contexto. En este ir y venir, sin responder a una estructura de subordinación y sobrepasando la constitución binaria museo-públicos, cada componente es capaz de asumir una responsabilidad en el quehacer conjunto. Este tipo de relaciones democráticas no son una técnica o estrategia, ni son simplemente un acto de participación consecuente de lo que el museo determina como paneles, muros de opinión, cédulas didácticas, actividades y exposiciones participativas (Koke & Ryan, 2017; Murawski, 2014), sino la integración de los usuarios en la misma generación de herramientas de construcción de sentido y el modo de operar del museo. No se trata de enfocarse en el museo o en sus visitantes/agentes, sino en el proceso de cómo trabajan ambos (Phillips, 2012) de forma constructiva en la resolución o disensión de las controversias y narrativas. Ésa es la esencia de la educación (Roberts, 1997).

 

Referencias

Bollwerk, E., Tate, N., & Connolly, R. (2016). Open(ing) Authority Through Community Engagement: Museums & Social Issues. NY: Routledge.

Duclos-Orsello, E. (2013). Shared Authority: The Key to Museum Education as Social Change. Journal of Museum Education, 38(2), 121-128.

Frisch, M. (2011). From A Shared Authority to the Digital Kitchen, and Back. En B. Adair, B. Filene, & L. Koloski (Edits.), Letting Go? Sharing Historical Authority in a User-Generated World (págs. 126-137). Philadelphia: The Pew Center for Arts and Heritage.

Hutchison, M. (2013). “Shared Authority”. Collaboration, Curatorial Voice, and Exhibition Design in Canberra, Australia. En V. Golding , & W. Modest, Museums and Communities: Curators, Collections and Collaboration . NY: Bloomsbury Academic.

Koke, J., & Ryan, K. (2017). From Consultation to Collaboration. Mechanisms for Integrating Community Voices into Exhibition Development. En P. Villeneuve, & A. Rowson Love, Visitor-Centered Exhibitions and Curation in Art Museums. Londres, Inglaterra: Rowman & Littlefield.

Roberts, L. (1997). From Knowledge to Narrative: Educators and the Changing Museum. USA: Smithsonian Institution.

[1]Justamente en estos días se estará llevando a cabo el Coloquio El museo foro. Espacios museales para un mundo intolerante, en el MUAC, convocado desde la Cátedra Extraordinaria de Museología Crítica William Bullock y el Seminario Permanente de Museología en América Latina de la ENCRyM (Ciudad de México).

[2] En este mismo tenor, en octubre, presenté “Compartir la mesa. Diseño centrado en personas para recursos museográficos educativos” en el Simposio Ocio, Museos e Igualdad. El nombre de la conferencia partía de las dinámicas sociales que involucran el compartir la mesa con otros dentro de un contexto cotidiano, pues según la socióloga Alice Julier, las diferencias de raza, género o economía pierden importancia (Julier, 2013). No es que seamos iguales, sino que, ejerciendo los distintos niveles de intimidad, las diferencias no restringen las formas de interacción e intercambio, sino que las revelan.

Nayeli Zepeda

Nayeli Zepeda

Historiadora del arte y maestra en museografía didáctica. @nayelizepeda

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