El trabajo colaborativo en el museo, un aprendizaje compartido

Colaborar es un término que en los últimos años se menciona cada vez más en el ámbito del museo. Sin embargo, lograr que estos espacios sean realmente colaborativos es todavía un reto al que profesionales, visitantes y sociedad tenemos que comprometernos. Hay todavía resistencia al cambio, a la innovación, a perder el control de la acción en el museo, a nuevos modelos participativos que implican un compromiso real: cambios personales, profesionales y colectivos. Por ello, el trabajo colaborativo en las acciones cotidianas y prácticas del museo es un elemento necesario en el cambio de ecuación.

Integrar los procesos de trabajo colaborativo implica la revisión de aspectos que pueden reforzar la labor de educadores, gestores, curadores, comunicadores, directivos y museógrafos en el día a día. Colaborar, como una estrategia que active nuevos procedimientos y otras forma de concatenar acciones en el desarrollo de cada proyecto es un ejercicio  que debe extenderse a más museos, espacios culturales y educativos.

¿Qué implicaría iniciar un formato de trabajo colaborativo, no jerárquico, de los equipos de trabajo?

Al interior del trabajo en el museo, coordinar un proceso de este tipo llevará tiempo, ya que podría confrontar a la institución, a los valores y paradigmas que se encuentran por debajo o las resistencias al cambio; aquí el reto es trascenderlos para convertirse en un Museo realmente colaborativo. Los objetivos que se pueden plantear en este caso, conllevan a la conformación de pequeños grupos de trabajo para explorar, gestionar conflictos, analizar y reflexionar críticamente sobre su propia práctica en los diversos ámbitos del museo para motivarse tanto individual como colectivamente, estableciendo metas bien definidas que posibiliten un trabajo conjunto:

  • Mostrar su cadena de acciones, los procesos internos y el impacto que tienen éstas en los visitantes.
  • Hacer evidente de qué manera la institución promueve, o no, la participación y la reflexión de sus trabajadores en cada proyecto y la que se propone en cada actividad a sus visitantes.
  • Reconocer cómo se organizan para el desarrollo de proyectos y actividades.
  • Evaluar si los visitantes cuentan con herramientas de trabajo colaborativo que estimulan la autonomía que tienen durante su visita.
  • Clarificar cuál es la visión que tienen todos frente al trabajo colaborativo (visto como oportunidad o como algo que ni siquiera vale la pena iniciar).
  • Revisar la efectividad y el impacto del trabajo colaborativo en los proyectos expositivos y en otras actividades.
  • Plantear nuevos programas, proyectos y acciones colaborativas que formen nuevos públicos en este marco y metodología.

La revisión de estas estructuras muestra en muchos casos los paradigmas (museológicos, así como la misión y la visión)  en los que se basa  la Institución , la formación profesional y educativa: desde aquellas más tradicionales y jerárquicas; otras, en donde se busca la participación social, mas no siempre en ambientes colaborativos; hasta, aquellas que hablan de museos críticos, participativos y sociales, en los que se incluye este formato de trabajo colaborativo.

Son los educadores quienes  pueden y deben tomar la batuta para ejercer de mediadores o facilitadores en el desarrollo de este sistema, para detonar la construcción del conocimiento, el desarrollo de habilidades cognitivas y sociales al interior de los equipos de trabajo en cada museo.

Hacer juntos estos procesos reflexivos sobre la propia práctica museística: curatorial, museográfica, comunicativa, educativa o de gestión para actualizarla y posteriormente mejorarla a  partir de grupos de trabajo colaborativo que tengan puntos comunes en sus diferentes áreas (autoridades del museo y diversos colectivos vinculados a éste,  instituciones educativas, culturales y científicas afines).

El sentido de la pluralidad en los participantes que conformarán el grupo de trabajo implicará establecer de manera equilibrada la participación de diversas voces para contrastar formatos de trabajo, plantear en conjunto nuevas alternativas metodológicas, diseñar prácticas concretas, aplicar dichos principios educativos innovadores en sus actividades cotidianas y proponer  otras más de gestión con públicos y museos. “Esta teoría postula que la forma en que ésta se estructura determina la manera en que los individuos interactúan, lo cual, a su vez, determina los resultados” [i]

Si bien es cierto que, normalmente en algunos de los museos en resistencia (pasiva), los profesionales no cuentan con espacios para la reflexión sobre su propia práctica porque:  la vida diaria absorbe la mayor parte de sus horas en el desarrollo de exposiciones (y todo lo que ello implica), se trabajan los procesos por departamentos y de manera secuenciada bajo el siguiente orden  catalogación, curaduría, museografía, educación, difusión y gestión ;en muchos casos, lo procesos de trabajo colaborativo son mínimos o nulos y cada uno se enfoca en cumplir con aquello que le compete.

Es cierto, también, que  aunque los resultados incluyen procesos muy profesionales y de éxito, pueden ser mejorados. Tenemos claro que durante el proceso nuestros colegas (y nosotros mismos) enfrentamos resistencias, predisposiciones, oposiciones, desalientos o inacciones frente a estos procesos de trabajo y aprendizaje colaborativo. Por ejemplo, existen supuestos previos (grados de dificultad al realizar ciertas actividades, conflictos generados dentro de las salas, capacidad de los visitantes para ser o no autónomos) al afirmar que ya se hace un trabajo colaborativo y que ya no es necesario perder tiempo sobre esos temas o sobre lo que los visitantes pueden hacer o no dentro del museo. Así como el miedo de perder formalidad al propiciar actividades participativas, reflexivas, dinámicas, creativas que detonen el diálogo  y la reflexión al interior del museo.

Por ello, es necesario hacer frente y abrir la posibilidad de reconocer las alternativas colaborativas que invitan a los profesionales del museo a establecer espacios físicos, tiempos, recursos y metodologías que generen un verdadero diálogo, abierto y firme; así como iniciar procesos de interacción, negociación y reflexión conjunta en beneficio de las personas que forman la Institución y sus visitantes.

(Driscoll y Vergara, 1997: 91) proponen cinco elementos que son característicos del aprendizaje colaborativo:

“1) Responsabilidad individual: todos los miembros son responsables de su desempeño individual dentro del grupo.

2) Interdependencia positiva: los miembros del grupo deben depender los unos de los otros para lograr la meta común.

3) Habilidades de colaboración: las habilidades necesarias para que el grupo funcione en forma efectiva, como el trabajo en equipo, el liderazgo y la solución de conflictos.

4) Interacción promotora: los miembros del grupo interactúan para desarrollar relaciones interpersonales y establecer estrategias efectivas de aprendizaje.

5) Proceso de grupo: el grupo reflexiona en forma periódica y evalúa su funcionamiento, efectuando los cambios necesarios para incrementar su efectividad”. [ii]

¿Por qué es necesario que la comunidad museística adopte una cultura colaborativa en el trabajo diario?

El trabajo colaborativo se proyecta en acciones concretas hacia los visitantes, considerando éste como una estrategia educativa que permite a los educadores, curadores, museógrafos, comunicadores ponerse en un formato horizontal con ellos, en donde también son aprendices (aprenden de, para y con los visitantes) y pueden  establecer una estructura organizada que permita enfatizar los procesos críticos de los diversos públicos y mejorar los  de enseñanza-aprendizaje sobre los temas y contenidos  para  modificar  las experiencias de la Clase Magistral del especialista que tanto vemos en visitas, cédulas, museografías, estrategias de visita, recursos didácticos y actividades especiales que pueden cambiarse.

Desde el paradigma constructivista, se incluyen diversas posturas teóricas adecuadas al museo que nos permiten definir de qué maneras se puede aprender en él: John Dewey con su modelo de instrucción democrática, planteó el aprendizaje cooperativo, Lev Vygotsky sugirió propuestas de aprendizaje a partir de las interacciones sociales y Jean Piaget, desde el cognitivismo, destacó  el desarrollo de las personas a partir de la relación con otros.  Por ello, debemos recordar que “El conocimiento es un producto de la interacción social y cultural,” [iii] y forma parte del intercambio de ideas, experiencias y reflexiones para hacer cambios de fondo en el trabajo colaborativo.

Este  trabajo colaborativo va más allá de hacer cosas juntos, implica tener una meta común y cooperar para su logro.  Los procesos sociales colaborativos se dan con otros, donde el museo puede establecer espacios expositivos, visitas, talleres con un marcado clima de diálogo, reflexión, participación, negociación y toma de acuerdos sobre los contenidos, sus observaciones, interpretaciones y formas de aprender. Además, son un modelo activo que permite a los visitantes el desarrollo de habilidades cognitivas -descripción, observación, contraste, seriación, análisis, imaginación- y sociales -comunicarse, escuchar, compartir y contrastar vivencias y saberes, revelarlos, negociarlos y ponerse de acuerdo para un fin común-. El museo posibilita el cambio de las actitudes pasivas y receptivas, las resistencias, la indiferencia hacia otros y la contemplación, por espacios de autorreflexión, empatía, cooperación, solidaridad. Pero, es necesario una actitud valiente de sus profesionales para lograr día a día un museo colaborativo, en donde las personas actúan, frente a las resistencias todavía existentes de algunos otros museos, permeando cada vez más estas acciones.

 

Referencias

Collazos, C; Guerreo, L y Vergara, A. Aprendizaje Colaborativo: un cambio en el rol del profesor. [Consultado el 01 de febrero de 2018]. Disponible en http://www.dcc.uchile.cl/~luguerre/papers/CESC- 01.pdf

Glinz, P . Un acercamiento al trabajo colaborativo. En Revista Iberoamericana de Educación. [Consultado el 21 de febrero de 2018] Disponible en http://www.rieoei.org/deloslectores/820Glinz.PDF.

Zañartu, L (2003) Aprendizaje colaborativo: una nueva forma de diálogo interpersonal en red. En Contexto Educativo, Revista digital de Educación y nuevas Tecnologías. [Consultado el 28 de febrero de 2018] Disponible en http://contextoeducativo.com.ar/2003/4/nota- 02.htm

[i] Zañartu, Correa Luz María. Aprendizaje colaborativo: una nueva forma de Diálogo Interpersonal y en Red. Pdf. Consultado el 7 de marzo 2018. http://www.colombiaaprende.edu.co/html/docentes/1596/articles-346050_recurso_5.pdf

[ii]  Ídem

[iii] Carretero, Mario  ¿Qué es el constructivismo? Desarrollo cognitivo y aprendizaje”. Constructivismo y educación en: Carretero, Mario. Progreso. México, 1997. pp. 39-71.

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Patricia Torres Aguilar Ugarte

Educadora en museos con experiencia de más de veinte años en el desarrollo de proyectos expositivos, programas educativos y publicaciones. @patytorresau

2 Comentarios

  • Josefina E Ruiz Moreno dice:

    Reconocimiento al trabajo realizado y al considerar a los museos como un recurso didáctico, es otra posibilidad para interesar a los jóvenes en el arte y la ciencia. la información presentada en esta página será compartida con los alumnos normalistas de la Escuela Normal Superior de México. Especialidad en Química. Lo importante es el aprendizaje de los alumnos.
    Muchas gracias

  • Quisiera poder imprimir éste articulo para poder compartirlo en la reunión del equipo ACAM donde es tamos realizando proyectos en el Mar Museo tendientes a la participación del visitante .

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