El Museo Lactante. Exploraciones que nutren al Museo Comunitario

By julio 23, 2018GESTIONES

Caminando por el paseo Baquedano, lleno de casas patrimoniales en su mayoría construidas a partir del apogeo de la producción salitrera (entre 1880 y 1920) logramos distinguir una placa de madera sobre una fachada celeste: Museo del Deporte “Hernán Cortés Heredia”.

Éste es administrado por el Círculo social, cultural y deportivo Tierra de Campeones, conformado por un grupo de exdeportistas, marinos, comerciantes, profesores y contadores  jubilados desde su inauguración en el año 2012. La casa que acoge la colección de fotografías y objetos que han sido generosamente donados por familiares o los propios deportistas de la región, fue dada en comodato por la Municipalidad de Iquique al grupo de socios y sometida a un largo proceso de restauración[1]. Han sido ellos desde las labores emprendidas por sus diferentes directivos desde el año 2006 quienes han realizado diferentes actividades en beneficio de compañeros ex deportistas y del propio recinto. Es así, que haciendo uso de su experiencia, pudieron sumar a los recursos del museo mobiliario e insumos básicos, algunos equipos y adecuaciones adicionales. Ellos trabajan de forma voluntaria, haciendo turnos para abrir el museo en jornada matutina de lunes a sábado y dando visitas guiadas a los grupos turísticos y escolares que se dan cita en él.

Entre los inconvenientes que salen rápidamente a la luz, podemos hablar de: la falta de medidas de seguridad (guardias, cámaras, alarmas), la necesidad de un presupuesto fijo y la incertidumbre respecto a la continuidad de su labor, ya sea desde la prolongación de su legado o desde particularidades como la mantención del espacio y la colección que carece de inventario o documentos de respaldo.

A medida que he podido acercarme y colaborar en el museo, han sido varios los puntos que se han ido develando y donde varias herramientas de mi trabajo como educadora o mediadora han estado presentes a cuentagotas y es en ello en lo que quiero centrarme, en el nutrir de un museo comunitario, un museo lactante. No se puede hablar de que este sea un museo naciente pues está abierto al público desde hace 6 años, sin embargo, se diferencia de otros museos aledaños principalmente por quienes lo administran, que lejos de ser personas con formación técnica o especializada en temas de museos, son la base de cualquier trabajo que se pueda desarrollar en lo que a gestión, difusión y educación se refiere.

Considerando la estructura con la que ya se trabaja dentro del museo, podemos hablar de una transversalidad donde la conversación y el acuerdo son los principales medios para planificar y desarrollar procesos. Éstos demandan un considerable nivel de confianza y respaldo mutuo que también debe ser conocido y desarrollado a través de talleres o cursos formativos para miembros directivos y demás socios. Sin embargo, en el camino posiblemente nos percatemos de que no todas las metodologías de trabajo de un grupo o equipo son lo suficientemente dialógicas e inclusivas como para aprovechar al máximo el aporte de todos, en dichas circunstancias, tendremos que plantear y ejecutar cambios en el modus operandi, algo que puede tomar un tiempo considerable sabiendo de antemano que ya existe un ritmo de trabajo grupal que aunque no involucre directamente los procesos administrativos, es aceptado dentro de las reuniones mensuales del grupo como encuentros donde más que tomar decisiones, se socializa lo que la directiva ya ha decidido.

Es importante que conozcamos las posibilidades que hay a nuestro alcance para contar con dinámicas de trabajo prácticas, amigables y sostenibles en el tiempo. La ventaja de trabajar así es que nuestra percepción es más amplia y tenemos la oportunidad de ser propositivos y creativos. Es común escuchar que arte, cultura y patrimonio son sinónimos de despilfarro de dinero y excusas, pero en realidad y a partir de estos lugares hablamos prioritariamente de seres humanos y sociales, de memorias y de una riqueza intrínseca que va más allá de la productividad, el consumo y el espectáculo, pero que también genera intercambios y cruces con ello. Dentro de las instituciones con un nombre consolidado, es común hablar de la zona de confort como aquel momento/lugar que no genera, que solo está ahí. El museo comunitario carece de esa estabilidad (comodidad) en sus cimientos, lo que le permite estar en constante movilidad y cambio y utilizar las adversidades (cercanía, estrechez, convivencia diaria, etcétera) a su favor oportunamente.

La palabra cambio puede ser aterradora en un museo lactante, en una organización, en un club… en un grupo de personas que han repetido por años el quehacer de las cosas. Hay palabras como ésta que pueden resultar violentas pese a ser dichas con miel, sin embargo hay que tener siempre presente que la gestación de un espacio cultural implica reconocer que éste va a permanecer aunque la gente que lo conforma no lo haga y por ello, El Museo del Deporte tiene un reto que representa esperanza, pero también temor en los socios: el legado, y esto es algo en lo que hemos puesto especial énfasis al generar redes con grupos de artistas, deportistas jóvenes, clubes deportivos y comunidad en general a través de las actividades de difusión y siendo parte de iniciativas propiciadas por entidades públicas como las convocatorias a Fondos Concursables, que permiten entre otras cosas, visibilizar debilidades internas, trabajar en ellas y reconocer idoneidades dentro del grupo para una mejor organización.

En realidad, no resulta inaudito que centros comunitarios, clubes, asociaciones barriales, etcétera, no contemplen dentro de sus labores la convivencia y complicidad con entes culturales. Hay una corresponsabilidad latente entre las organizaciones, agrupaciones e instituciones por conocer las líneas de acción de los demás entes. En medio de ello puedo afirmar que los museos comunitarios son (o podrían ser) un llamado de atención real para aquellos museos o instituciones culturales que aún se autoclausuran o censuran al evadir relación con la comunidad, que se niegan a salir y redescubrir el mundo y el tiempo en el que existen. Por ello, la comunicación, la difusión y la auto-educación como un potencial neurálgico propician cercanías oportunas que generan beneficios conjuntos.

 

*Para consultar:

Texto completo en: https://www.academia.edu/37060466/El_Museo_Lactante._Qu%C3%A9_nutre_al_museo_comunitario

 

Agradecimientos:

Luis Milla, Nayeli Zepeda, Daniela Ekdesman Levi, Marisol Muñoz, Cristian Dinamarca, Ana María Elosúa, Yasmina Alquinta, Camila Pizarro, Roberto Salinas, Cristián G. Gallegos y Mónica Moreno.

Por supuesto a: Don Arturo Vargas, Ariel Standen, Freddy Suárez, Cornelio Vilches, Juan Méndez y todos los socios del Museo del Deporte Hernán Cortés Heredia.

 

*La imagen de este texto es de Priscila Peralta.

[1] En referencia al inmueble se puede encontrar un artículo en el Diario La Estrella de Iquique con fecha 9 de febrero de 2008. Título del Artículo: Museo deportivo para Iquique.

Priscila Peralta

Priscila Peralta

Licenciada en Artes Visuales, gestora independiente. Trabaja en proyectos artísticos y educativos.

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