Razones de la vinculación entre escuelas y museos

Un museo es un espacio social y didáctico, ofrece a su público la posibilidad de estudiar, conversar (entrelazamiento de acciones y emociones que constituyen al lenguaje), vincular(se), interactuar y aprender. Es así como la función educativa (dar sentido y desarrollar de habilidades y capacidades) debería ser prioritaria en la estructura organizacional y funcionamiento de los museos.

 

Detrás de las salas de un museo, existen equipos operativos y creativos que, desde diferentes áreas (montaje, curaduría, marketing), construyen las propuestas que el público ve y consume. Uno de estos equipos es el educativo que supone ser un facilitador para el aprendizaje, experimentación, interpretación, comprensión de los contenidos expositivos.

 

El museo “tiene que ser un espacio sugestivo donde no necesariamente las cosas deban explicarse como en la situación de clase.  No hay únicas estrategias de construcción de conocimiento y el aprendizaje en el museo puede ser a la vez romántico, emotivo, activo, interactivo y reflexivo”[1].

 

La vinculación entre escuelas y museos se inicia en el siglo XX, a partir de la transformación de los modelos educativos jerárquicos y conductistas a estrategias y metodologías que promueven la construcción  (tanto de maestros como estudiantes) del conocimiento y la reflexión crítica de éste y otros procesos. Esta idea de promover un visitante activo (o agente de cambio) frente al observador pasivo se ha vuelto un lema de los museos.

 

Desde los nuevos paradigmas educativos –del Constructivismo pedagógico, la filosofía Reggio Emilia a la educación disruptiva– los museos de arte se han involucrado en los procesos de enseñanza y aprendizaje; ya no sólo se abocan a programas públicos paralelos a las exposiciones (talleres de manualidades, cursos, conferencias, recorridos guiados sobre las exposiciones) sino incluyen planteamientos que sobrepasan las ideas y objetos expuestos. El nuevo paradigma educativo en los museos implica la vinculación de los contenidos expositivos, el curriculum escolar (de preescolar a universidad) y el entorno cotidiano: Muchos nuevos programas y recursos museísticos presentan una perspectiva práctica y transdisciplinaria más amplia en la que las imágenes, los objetos y conceptos se trabajan, ya no solamente empíricamente, sino epistemológicamente.

 

Al crear conexiones con y a partir de diferentes procesos creativos modelos de pensamiento, historias, geografías, contextos, las experiencias educativas en los museos funcionan como otra posibilidad de acercarse al conocimiento y campos formativos, y construir la propia identidad y la realidad.

¿Cómo establecer los canales de comunicación entre museo, escuela y estudiantes? ¿Qué vías posibilitan estas conexiones?
Y más importante aún ¿cómo podemos integrar a nuestros estudiantes y visitantes a la construcción del propio programa museístico?

 

 

Lisa Roberts en su libro From knowledge to narrative (Del conocimiento a la narrativa), analizando el cambio de paradigma de las exposiciones de finales del siglo XX, abordó una de las herramientas más utilizadas dentro de los museos, la narrativa. A ello, actualmente, se ha sumado el juego[2]  en plataformas menos lineales (Internet, redes sociales, etc.) que permiten la experimentación, investigación, la transformación de roles. Narrativa y juego son dos estrategias de aprendizaje que permiten el involucramiento de maestros de todas materias y estudiantes de todo tipo y edades; son una posibilidad para que los recorridos en el museo (demasiado infantilizados), el trabajo de servicio social o las prácticas profesionales, no se conviertan en actividades escolares, obligatorias y fastidiosas, sino en generación de contenidos a distintos niveles, grupos de investigación y reflexión, páneles de discusión e incluso decisión, el interés y gusto por el museo sin el deber de ser una tarea. ¿Qué mejor que los caminos y posibilidades que provee el nexo entre escuela y museo se establezca sean extendidos hacia sí y hacia otros? Buen ejemplo de ello son el proyecto MUSE de Harvard, sus investigaciones y recursos, la propuesta museo-escuela del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, las actividades para jóvenes del Whitney Museum of American Art en Nueva York y el programa pedagógico del Museo Universitario Arte Contemporáneo en México.

 

Más allá de los contenidos institucionales, el acuerdo y la colaboración entre educadores, maestros, estudiantes, son los principales estímulos del trabajo de vinculación escuela-museo: Conocerse como aprendiz y como guía, considerar expectativas y metas, actualizarse, diseñar en conjunto, dar seguimiento coordinado, construir experiencias significativas y posibilitar la aplicación de las mismas fuera de las instituciones, fuera del aula y de las salas.

 

Independiente de la disciplina que aborda un museo (historia, arqueología, ciencia, arte), los programas de vinculación escuela-museo posibilitan equipos de trabajo que dejan de estar aislados para convertirse en puntos de red, que juegan y trabajan dentro y fuera del museo, investigadores con nuevas miradas, maestros y expertos que aprenden, estudiantes que educan, usuarios cautivos y potenciales que, juntos, se vuelven arquitectos de conocimientos y narradores de experiencias, o en palabras de María Acaso, constructores de “micro revoluciones[3] que se extienden a la comunidad académica y al entorno social.

 

 

[1] Alderoqui, Silvia (comp.). Museos y escuelas: socios para educar, Barcelona: Paidós [Cuestiones de Educación], 1996, pp. 36-37.
[2] Schaller, D., “From Knowledge to Narrative – to Systems? Games, Rules and Meaning-making”, en:  J. Trant and D. Bearman (eds). Museums and the Web 2011: Proceedings. Toronto: Archives & Museum Informatics, 2011.
[3] Acaso, María. “El museo como excusa: visiones fronterizas entre arte y euducación”, en: mariaacaso.es, http://bit.ly/museocomoexcusa, Abril 2014, consultada: Julio 20, 2014.
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Historiadora del arte y maestra en museografía didáctica.

Desde 2006, trabaja en el ámbito museístico, en la asesoría estratégica y metodológica de las áreas educativas.

Es co-fundadora de NodoCultura.

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