Guggenheim–Alexandra Nicolae

El público en general

En su obra Fuenteovejuna, Félix Lope de Vega hace del pueblo del mismo nombre, un personaje en sí mismo que, exigiendo justicia, da muerte a su comendador, no existiendo así ningún responsable directo de este acto. Ante la pregunta ¿quién mató al comendador? la respuesta era contundente: Fuenteovejuna ¿y quién es, pues, Fuenteovejuna? Todo el pueblo, a una (Valdivia, 2015). En tiempos del hashtag, seguramente se hubiera viralizado #TodosSomosFuenteovejuna, pues el reclamo era parejo. La psicología social determina que la masa es un ente separado de sus integrantes, piensa por sí misma, se mueve conjuntamente, pues no puede existir sin los individuos que la componen, pero, mientras todos se orienten hacia la misma dirección, no se percibe ningún atisbo de individualidad, no hay protagonismo (Park, 1996). Esto funciona perfectamente para la desobediencia civil y ejemplos contemporáneos sobran, el paro del día 9 de marzo, las intervenciones a la Victoria Alada del Paseo de la Reforma, conocida coloquialmente como el Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México, entre otras más, pero, para efectos de la pedagogía de museos, esto sale sobrando porque no se atiende a masas, sino a individuos que acuden en grupo, que no es lo mismo.

 

Muchos años padecimos, sobre todo quienes vivimos en ciudades pequeñas, alejadas de las capitales, donde la labor museística no está debidamente profesionalizada, que las actividades se anunciaran para el público en general ¿pero, quiénes lo conforman? En cine y teatro era común anunciar que algunas obras eran para toda la familia, cuando en muchos casos, eran más bien infantiles. Hoy día se recurre a clasificaciones más abstractas como A, B y C, considerando que, no es en sí el público asistente, que puede ser cualquier persona, sino el grado de amplitud de criterio que se requiere para asimilar correctamente el mensaje que se quiere transmitir, aunque, por supuesto, cuanto más criterio se demande por parte del espectador, queda implícito que la obra no es para un público infantil (SEGOB, 2002). 

 

Desde un punto de vista pedagógico, toda actividad de aprendizaje debe contar con un objetivo y para que éste se cumpla, debe determinarse quién será su destinatario, ello permite cotejar el nivel de logro alcanzado y evaluar a la actividad misma (Acuña, 2020), cosa fundamental para un departamento de servicios educativos bien estructurado. Actualmente, los museos son más estrictos en esta clasificación, es cierto que no es algo nuevo, pero hasta hace poco no era un fenómeno generalizado, como en la actualidad. 

 

Clasificar al público nos otorga certeza, los museos tienen mucha experiencia atendiendo a grupos escolares, otra más atendiendo al público infantil ¿pero, qué hacer con los adolescentes y adultos?, ¿qué hacer con el turismo nacional y extranjero? Hasta el público escolar se puede dividir según el nivel educativo que cursan. En su momento, yo era el encargado de atender al público universitario en un museo de arte moderno y contemporáneo: la relación público-mediador era diferente, el grado de complejidad del lenguaje era diferente, el nivel de profundidad y/o amplitud en el tratamiento de los temas también lo era y hasta podías enfocarte en determinados aspectos siempre que tu bagaje teórico lo permitiera, si atendías a alumnado de la Licenciatura en Artes Visuales, Turismo, Historia o Educación; pero también me tocó, como estudiante del primer semestre de Artes Visuales, que nos hicieran tomar un taller en el que nos sentaron alrededor de unas mesas diminutas a colorear. Pregúntenme si aprendí algo.

 

El problema es que, como el público en general no existe, no se le puede culpar de nada, las actividades se llevan a cabo deseando que a alguien le hayan resultado significativas, pero nada más, “la mayoría de los estudios de públicos en los museos se forman a partir de encuestas que determinan aspectos demográficos tales como edad, raza/etnicidad, lugar de origen o residencia o frecuencia de visita. Sin embargo, […] los visitantes tienen disimilitudes de todos tipos, y la labor de los educadores y museólogos es posibilitar múltiples puntos de acceso a esas diferencias, reconociendo que la experiencia de visita va más allá de los límites temporales, espaciales y contextuales del museo” (Mastai, citada por Zepeda, 2016, ¶3). Qué bueno que hemos roto con ese lastre, porque seguir atendiendo a un público no determinado provoca que el proceso de mediación se vuelva monótono y repetitivo hasta caer en una rutina de la que cuesta mucho desapegarse: claro, es muy cómoda, hasta puede uno jactarse de impartir una visita prácticamente con los ojos cerrados, nos convertimos en audioguías vivientes y sufrimos cuando alguien plantea preguntas complejas o sumamente específicas. 

 

Menos mal que esto ha quedado en el pasado aún en los museos pequeños, porque demerita a la labor educativa, en mi opinión, desde un enfoque estrictamente pedagógico  –porque de estudios de público nadie sabe más en mi país (México) que la Maestra Leticia Pérez de la Escuela Nacional de Conservación y Restauración Manuel Castillo Negrete. 

 

La primera clasificación que deberíamos hacer es entre escolares y no escolares, a los primeros, dividirlos según el nivel educativo que cursan, añadir una categoría específica para alumnado con necesidades específicas de aprendizaje, si es que el museo cuenta con personal capacitado y dicho personal ha desarrollado un plan de acción específico. No hay nada como la honestidad, hay que admitir que no se está en condiciones de atender a un público en particular, las razones pueden ser muchas, principalmente presupuestales y de capacitación, pero no por inflar cifras de público atendido, se ofrecerá un servicio educativo deficiente.

 

Fuera del público escolar, las clasificaciones habrán de ser por edades, quienes han leído otros textos míos, donde trato temas de educación artística, sabrán que soy seguidor declarado de Jean Piaget, confío en que la mejor clasificación etaria debe abarcar de 3 a 6 años, de 7 a 9, 10 a 12, 13 a 15, 16 a 20 y mayores de 21 años y el servicio ofrecido a cada uno de estos grupos no debe parecerse al que se ofrece a sus símiles escolares. Anexo a ello, distinguir entre locales, nacionales y extranjeros, pudiendo trabajar en español y en inglés (qué bonito sería poder trabajar en más idiomas, pero hay que ser realistas). Soy de la idea de que debiera existir también la posibilidad de trabajar en lenguaje de señas, pero después supe que  cada país, aunque todos sean, por ejemplo, hispanohablantes, cuenta con variantes regionales, dificultando la comunicación, así que, por el momento, me quedo con el lenguaje oral.

 

Es cierto que la educación de museos, a diferencia de la educación escolar, no tiene alcances a largo plazo, pues se recibe a individuos a los que muy probablemente no se volverá a ver en un buen tiempo, quizá nunca, no se les evalúa ni se les puede condicionar a aprender (Vallejo, Martín y Torres, 2009). Nuestra labor, y ahí está el reto, es provocar el encuentro entre lo expuesto y los espectadores, invitar a la reflexión ¿cómo han cambiado tus estructuras mentales?, ¿qué conceptos has asimilado con más fuerza?. En educación de museos no hay evidencias de aprendizaje, porque no hay tarea ni exámenes, las hay de logro basadas en la interacción del público con el personal mediador y el material expuesto (Falk, citado por Zuazúa de Loresecha, 2016): las redes sociales son nuestro mejor amigo, cuéntenos su experiencia ¿de qué se dio cuenta? No todo el mundo va a dejar un comentario, pero hay que abrir esa puerta ¿Quieren otra opción? Durante el registro de ingresos, preguntar si han sido destinatarios de alguna actividad educativa (y hace cuánto tiempo); si se ha hecho bien, muy posiblemente se verá reflejado en la visita recurrente ¿Asumiremos el reto?

 

 

Referencias

 

Acuña, M. (2020). Objetivos de aprendizaje: aprendiendo a redactarlos: EVirtualPlus. Recuperado de: https://www.evirtualplus.com/objetivos-de-aprendizaje-como-redactarlos/ [Consultado el lunes 30 de marzo de 2020]

 

Park, R. (1996). La masa y el público, una investigación metodológica y sociológica: REIS Revista Española de Investigaciones Sociológicas (Ignacio Sánchez de la Yncera y Esteban López Escobar, trad.). (No. 74), 361-426. Recuperado de: http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_074_19.pdf [Consultado el lunes 30 de marzo de 2020]

 

Secretaría de Gobernación (2002). Acuerdo mediante el cual se expiden los criterios para la clasificación de películas cinematográficas: Diario Oficial de la Federación. Recuperado de: http://www.gobernacion.gob.mx/work/models/SEGOB/Resource/144/1/images/criterios.pdf [Consultado el lunes 30 de marzo de 2020]

 

Valdivia, N. (2015). ‘Fuente Ovejuna’, un análisis de la obra de Lope de Vega: Vavel. Recuperado de: https://www.vavel.com/es/masvavel/2013/04/09/libros/229262.html [Consultado el lunes 30 de marzo de 2020]

 

Vallejo, M, Martín, D. y Torres, P. (2009). Comunicación educativa: analizar para transformar: Primer Encuentro Nacional para el Desarrollo Profesional del Personal Académico que Imparte Historia en las Instituciones Formadoras de Docentes. 18-22. Recuperado de: https://www.dgespe.sep.gob.mx/public/comunidades/historia/actualizacion/Encuentros%20Nacionales/I%20Encuentro/Taller%20de%20educacion%20Historica%20en%20museos/Comunicacion%20educativa_Ma%20Engracia_Diego%20Martin%20y%20Patricia%20torres.pdf [Consultado el lunes 30 de marzo de 2020]

 

Zepeda, N. (2016). No existe tal cosa como un visitante de museo: Nodo Cultura. Recuperado de: https://nodocultura.com/2016/01/13/no-existe-tal-cosa-como-un-visitante-de-museo/ [Consultado el miércoles 01 de abril de 2020]

 

Zuazúa de Loresecha, B. (2016). Análisis cronológico de la evolución de los estudios de públicos en México y en el mundo. Una visión introductoria: Estudios sobre públicos y museos. Vol. I. Recuperado de: https://www.encrym.edu.mx/Uploads/Publicaciones/PDF-68123.pdf [Consultado el miércoles 01 de abril de 2020]

 

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Docente y gestor educativo, dedicado especialmente a la creación de programas académicos y asignaturas de artes visuales y educación.

3 Comentarios

  • Pere Viladot
    abril 2, 2020

    Interesante reflexión. El público general sería algo así como los “no lugares” que definió Marc Augé. Sirve para englobar a mucha diversidad en un mismo cajón clasificatorio. Sin embargo, me pregunto si debemos parcelar tanto al público porque corremos el peligro de caer en la división estricta que hace el sistema educativo que no permite que niñxs de diferentes edades (físicas y de desarrollo) estén aprendiendo juntos. Uno de los grandes valores de los museos es precisamente la “mezcla” de edades y de personalidades y dado que la experiencia museística es básicamente vital, creo que debemos potenciar la actividad flexible, no pensada para un determinado grupo. Difícil, sin duda, pero un reto que puede ser muy satisfactorio.

    • Alejandro Jurado Prieto
      abril 2, 2020

      Muchas gracias por su comentario, sin lugar a dudas, una clasificación tan específica tampoco es la solución, pero consideré necesario irme al extremo para contrastar con el hecho de que, no sé en España, pero en México, hasta hace muy pocos años, era cotidiano leer sobre talleres o visitas guiadas en museos y al preguntar recibir como respuesta “es para el público en general” ¿y quién es el público en general? Muchas de esas actividades ofertadas para ese hipotético público, eran infantiles.
      Sí considero conveniente dividir a los niños muy pequeños de los más mayores, pero permitiendo que quien así lo desee, pueda ubicarse con un grupo mayor (cuando era pequeño, me frustraba mucho que me dijeran “es para mayores de 12 años”, teniendo 10 u 11; eso no me pasó en un museo, sino cuando quise tomar clases de pintura en una escuela en la que, ironías de la vida, después fungí como coordinador del área de artes visuales).
      Lo difícil de trabajar con visitantes de museos es que no hay dos individuos iguales, podemos tener la misma edad, mismo nivel socioeconómico, mismo nivel educativo y mismo nivel cultural (porque no va de la mano con los anteriores) e interactuar con el acervo del museo de maneras muy diferentes, a ritmos diferentes, profundidades diferentes y salir de ahí con memorias museográficas personales muy diferentes.
      Creo que, así como algunos productos incluyen un precio sugerido, podríamos empezar a hablar de públicos sugeridos ¿no le parece?

  • Pere Viladot
    abril 3, 2020

    Toralmente de acuerdo. Yo fuí responsable de educación y actividades en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y me sucedia lo mismo. Tan sólo quería reivindicar la importancia de la interacción intergeneracional y la “libertad” que da el museo frente al sistema educativo y que muchas veces no se aprovecha. Te felicito por las reflexiones que aportas. Un abrazo transoceánico

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