¿Es la multitud público objetivo del museo?

Hace poco más de un mes, en mayo, se llevó a cabo la segunda edición de Museos3.0[1]. Por invitación de Alejandro Gómez Escorcia y auspiciado por la Casa de Lago, participé junto con mi querida Leticia Pérez en la conversación “¿Se le puede llamar público a la multitud hiperconectada?”.

 

Aquí dejo por escrito lo dicho, y agrego unas notas que en el apuro de los 7 minutos de la presentación no pude incluir.

*Para leer lo dicho por Lety Pérez, vayan a su blog El Diván Museológico.

 

Para responder a la pregunta que nos planteó Alex, quise ubicarme más en el término de multitud y si es que afecta o es afectada por los momentos y procesos de mediación. Desde esta perspectiva es que intentaré abrir a otras posibilidades o interrogantes sobre lo que está sucediendo a partir de la emergencia del COVID-19.

 

Creo que es importante anotar que no pienso en una mediación afirmativa[2] aquella que refuerza los discursos más básicos del museo y que comunica lo que ya es públicamente conocido del mismo. Sino pienso en una mediación más expansiva, aquella que contradice, que señala, que reconoce sus sesgos y su privilegio. Hay un libro que me hace pensar en ese tipo de mediación y que ha sido importantísimo como respuesta a la presidencia de Donald Trump: Sobre la tiranía: veinte lecciones que aprender del siglo XX (On Tyranny: Twenty Lessons from the Twentieth Century), de Tim Snyder, es una guía para la resistencia a través de veinte principios para luchar contra a tiranía; el primero de ellos recita ““no obedezcas de forma anticipada” (Snyder, 2017). Y, quizá se estén preguntando, qué tiene que ver todo esto con lo que estamos hablando. Tiene que ver mucho con el deseo de esta otra posibilidad de museo.

 

Por la propia naturaleza del museo, existen varias dimensiones que lo enredan: la institucional, la social, la política, la histórica, etcétera. Dentro de ello, con relación a sus públicos y no-públicos, generalmente, se encuentra a sí mismo como dispositivo de autoridad: aquel que enseña, aquel que interviene en una comunidad, aquel que contiene valor. A finales de los 90s, Ana Rosas Mantecón y Graciela Schmilchuck trabajaron precisamente este aspecto, sobre las cédulas interpretativas de la exposición El cuerpo aludido, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), en México (Rosas Mantecón & Schmilchuk, 2006). A partir de ello, propusieron categorías dentro de un marco de obediencia o desobediencia de la autoridad, es decir, del museo: el lector, el lector selectivo, el no lector activo, el no lector y el no lector en conflicto. Para mí, básicamente es como podemos entender a las audiencias respecto a la oferta los museos desde marzo:

 

  • Las personas que ven lo dicho por el museo como una instrucción y no disputan la puesta de autoridad del museo.
  • Aquéllas que seleccionan a quién seguir y qué hacer desde su propia convicción e iniciativa[3].
  • Aquéllas que no se interesan ni realizan las actividades de los museos por que están mirando hacia otros lados y hacia sí mismas.
  • Las que acuden a los museos como una ocurrencia o una idea tardía (afterthought).
  • Las personas que no acuden al museo simplemente por que no les parece amigable, útil o significativo para estos momentos.

 

Precisamente, en el reporte de Wilkening Consulting y American Alliance of Museums (Wilkening Consulting, 2020) sobre la recepción del contenido virtual de los museos, se interpretó que los adultos, antes-visitantes-al-museo, no han buscado activamente la oferta digital de los museos por que no se les ocurre, no tienen tiempo, piensan que el contenido solamente es para el público infantil, o ya están cansados de la pantalla.

 

El trabajo del museo es fragmentado, y el público se reduce a medidas manejables. Y, a veces, generalizadas. No todxs somos visitantes, somos investigadorxs, activistas, disidentes, trolls, mamás, papás, adolescentes o ninguna de las anteriores…  No todxs somos usuarixs de las redes, no todxs somos lectorxs, ni somos este público al que se dirige el museo. No solamente somos diferentes lxs unxs de lxs otrxs, sino que como dice Walt Whitman: contenemos multitudes. Y, obviamente, todo esto influye en cómo vivimos y, en algunos casos, evitamos el museo.

 

Y está la multitud que contengo y la multitud que me contiene, es decir, lo individual y lo social. A lo que voy ahora: La multitud, en términos más o menos estrictos, se trata de las fuerzas reales y creativas que están emergen para crear un nuevo mundo (Sánchez Cedillo, 2018). Pensemos en lxs trabajadores en primera línea, enfermerxs, doctorxs, repartidorxs, cajerxs y empacadorxs en los supermercados, trabajadorxs esenciales; pensemos en las y los periodistas, las personas que están documentando estos tiempos, hackers, las personas que están verificando la información, en iniciativas ciudadanas como Frena la Curva o Chamba Collective. Todxs ellxs son los que ya están produciendo el mundo al que regresaremos.

 

Pero ¿es que las instituciones intentan mediar junto a esas subjetividades? Las personas van al museo si encuentran que el museo tiene sentido. Las personas se conectan, participan, buscan al museo si coinciden sus intereses, pero igualmente el museo va hacia las personas de forma auténtica cuando entiende que no es el protagonista.

 

Además del soporte, Facebook, Twitter, Instagram, TikTok, no sé qué tanto ha cambiado el museo de antes, al museo de marzo, abril, y los meses pendientes. Y es que, en realidad, son pocos los museos que se conciben como una enunciación pública (Carrillo, 2018). Los museos, como las bibliotecas, los acervos, ya no solamente son acerca del acceso al conocimiento o a ciertos conocimientos, sino que para que perduren tienen que ser significativos, en términos políticos, sociales y económicos.

 

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey puede ejemplificar muy bien esto. Recién el año pasado, lanzaron una campaña –también le llaman colaboración– en el que se presentaban como el “Museo de todos”. Sin poner mucha atención a la coyuntura y el lenguaje inclusivo, tenía el objetivo de generar cierto sentido de pertenencia. Administrativa y financieramente, el museo siempre ha sido una institución que merece mucho estudio. Además, es necesario anotar que tiene un programa comunitario de ya muchos años. Pero para poder solventar estos meses, han tenido que lanzar una campaña que llaman #SalvemosaMARCO o #SOSMarco.

En otro sentido, también en el norte, el nuevo museo del Centro de Ciencias de Sinaloa, Materia, ha trabajado en varios niveles:

 

  • Con conversaciones dirigidas a los profesionales de los museos y la educación.
  • En la vinculación con organizaciones internacionales.
  • Presentando cápsulas informativas sobre cómo abordar estos tiempos, cómo cuidarse, cómo actuar, desde la ciencia.
  • Y, quizá para mí, lo más importante, lo que habla más de una mirada hacia lo social, es la elaboración de cubrebocas y máscaras protectoras en sus talleres, y que además donaron.

 

Precisamente, ese tipo de actos es lo que potencia la trascendencia simbólica: Ya no me importa el museo solamente por que es museo, y los museos deben importarme, o por que ya me “asignaron” un pedazo del museo, sino por que “Yo y mis multitudes” vamos por esa búsqueda común.

 

La multitud se define más por otras cosas que por la cantidad. La multitud es esta antagonista, no estoy segura de llamarla contra-público, pero sí la que resiste, la que desobedece las prácticas lineales, a la que hay que voltear a ver. No estoy segura de que el museo quiera que este concepto sea su público –como dijo Baby Solís en la conversación “¿Cuáles son los nuevos pasados de los museos?”: el museo no piensa el público en términos amplios, por lo que no sé si deberíamos llamarle así.

 

El futuro es un continuo, un intento. Quizá la multitud no es público y nunca lo será, pero sí debería ser una aspiración.

 

*Imagen: Futerra Sustainability, para United Nations Global Call Out To Creatives – help stop the spread of COVID-19.

 

Referencias

 

Carrillo, J. (2018). Democratic Institutions versus Culture Wars. En The Constituent Museum. Amesterdam: Valiz/L’internationale.

 

Rosas Mantecón, A., & Schmilchuk, G. (2006). Exponer comunicando. Evaluación de dispositivos de interpretación de la exposición “El cuerpo aludido” (MUNAL, 1999). Retrieved from https://cenidiap.net/biblioteca/addendas/2NE-13-Exponer.pdf

 

Sánchez Cedillo, R. (2018). The rest is missing. In The Constituent Museum (pp. 31-44). Amsterdam: Valiz/L’internationale.

 

Snyder, T. (2017). On Tyranny: Twenty Lessons from the Twentieth Century. New York: Tim Duggan Books.

 

Wilkening Consulting. (2020, abril). Museums and the Pandemic: Data Story #2. Retrieved from Wilkening Consulting: http://wilkeningconsulting.com/uploads/8/6/3/2/86329422/museums_and_the_pandemic_-_data_story_2_-_wilkening_consulting.pdf

 

[1] Ahora va corriendo la tercera edición, imperdible todos los viernes a las 17H México, por el canal del Centro Cultural de España en México.

[2] Según las catagorías propuestas por Carmen Mörsch, a la que agrega la mediación reproductiva, deconstructiva, reformativa y transformativa.

[3] En mi caso, me gusta mucho lo que está haciendo el Laboratorio de Arte Alameda en Instagram y es quizá al único que le pongo suficiente atención.

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Historiadora del arte y maestra en museografía didáctica.

En constante estado de Nepantla, desde Seattle, trabaja para museos e instituciones culturales de México y Estados Unidos, en la asesoría estratégica y metodológica de las áreas educativas.

Es co-fundadora de NodoCultura.

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